danie
solo un pensamiento...
Mi abuelo “de 90 años” tenía un problema crónico de hongos en las uñas de los pies, especialmente en la uña del dedo gordo. Y darle un alicate para que se corte las uñas, era tan peligroso como darle una navaja a un mono. Por este motivo, yo siempre escondía el alicate en algún lugar que él nunca podía encontrarlo, tarea más que difícil porque él siempre revisaba todos los cajones de la casa.
Una tarde lo encontró y empezó a hacer un tratamiento intensivo de pedicuría. Jalando la uña desde arriba con la punta del alicate comenzó a desprender, de a pedazos, la uña enferma hasta que por completo la arrancó.
El resultado de esto fue un pequeño charco de sangre y un dedo gordo inflamado y desnudo.
Cuando lo vi, me alarmé y le dije:
—¿Qué hiciste? Corriendo te tengo que llevar al médico.
Él sin ninguna preocupación en el rostro me contestó:
—No te preocupes, hijo. Todo lo que nuevamente nace se educa desde cero.
Una tarde lo encontró y empezó a hacer un tratamiento intensivo de pedicuría. Jalando la uña desde arriba con la punta del alicate comenzó a desprender, de a pedazos, la uña enferma hasta que por completo la arrancó.
El resultado de esto fue un pequeño charco de sangre y un dedo gordo inflamado y desnudo.
Cuando lo vi, me alarmé y le dije:
—¿Qué hiciste? Corriendo te tengo que llevar al médico.
Él sin ninguna preocupación en el rostro me contestó:
—No te preocupes, hijo. Todo lo que nuevamente nace se educa desde cero.