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La vecina

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
Te fui a buscar temprano por la mañana; la
vecina me dijo que no estabas, que te había
visto salir borracha no mucho antes con un
tipo que llevaba una cadena de oro al cuello
y una botella en la mano, "con la otra mano
le agarraba el culo", añadió doña Chole, la
escoba en ristre, una sonrisita medio esbozada;
observé que su escote había descendido otros 2
centímetros respecto de la semana anterior;
a ese ritmo no pasaba el mes sin salir a barrer
en cueros, la cabrona, ya era una cincuentona y
tenía las caderas bastante anchas, y el abdomen
colgante como sus tetas; la verdad es que no se
antojaba ni para una emergencia; me recargué
en un árbol, ella se agachó a recoger una monedita
en el piso, lo hizo de tal manera que pudiera
verle bien las tetas casi desparramándose por fuera
de la blusa, suspendidas y bailoteando allí dentro,
dos globos hinchados de historias de manos y
bocas, la muy puerca debía saber muy bien que
a los 40 uno se coge hasta a un perro si no tiene
otra cosa mejor donde meterla, debía saber que
yo babeaba por ti, que estaba enfermo de ti, que
vivía hambriento de sexo; debía saber también que
yo a ti te servía de burla, de títere para tu afición al
escarnio, y que a veces me citabas a una hora en que
sabías que al abrir la puerta te encontraría cogiendo en
la sala con uno de tus amiguitos; debía saber cosas
que ni yo mismo sabía, cosas de mí que tú le contarías
riéndote, tal vez cuánto me medía, no mucho, y
seguro que también que era de esos que acababan
pronto, casi nada más al abrirte las piernas; debía
saber cosas de mí que ni yo mismo sabía, bruja gorda,
vieja, pocos dientes le quedaban, se estaría riendo
por dentro, tal vez pensaba: "pobre pendejo,
la fulana esa que ni caso le hace, ella me ha dicho
que le da hasta asco cuando él se le sube encima,
sólo lo aguanta por sacarle el dinero, en fin, el que
por su gusto es buey..."; y sin parar de darle a la
escoba; ahora barría un poco más cerca, habría ya
notado cómo la tenía parada, se dio la vuelta, me
sonrió y me dijo: "tengo, café y tequila, si quieres
entra a mi casa y nos chingamos unos tragos ";
no dijo: "tengo estas tetas que yo sé muy bien que
no se comparan con las tetotas que tiene la putona
de tu amiga, pero también sé que tienes 3 semanas
sin coger, y además mi culo todavía está firme,
aunque tenga un poco de celulitis"; no, no dijo nada
de esto último, pero yo le leí el pensamiento y allí
sí lo decía, bruja gorda, resbalosa, la miré a los ojos,
no muy negros; fijándome bien vi que al fondo,
inextinguible, tenían aquel brillo suave, terso,
que tiene el cielo ciertos días de primavera:

"le acepto un par de tragos", dije, "total"; pero en el
fondo yo sabía que ella me tenía ya cogido de los huevos
 
Última edición:
vaya desde la última historia en que leí en laque contabas que ibas a cambiar
no te creí, pero veo el final de esta historia y se ven atisbos de otra cosa.
Yo como tu lector te recomiendo que no le hagas caso a tu conciencia olvidate de Bowkoski y los otros pendejos que para escribir cosas cursis ya esta lleno de pajarones...
 

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