Évano
Libre, sin dioses.
Aletea la paloma mientras vuela
a los tejados en bandada que lanzamos
desde un castillo derruido en la cima
de una niñez donde el monte era viento
entre robles, encinas y chaparros;
y esos cuerpecitos calurosos enfrentados
a infiernos y cielos monstruosos.
Dime si la vejez no espera todavía
en cualquier rincón de aquella infancia;
dime si no la arrastras todavía
por estas calles nauseabundas donde
compramos y vendemos el tiempo que trajimos
a cualquier imbécil disfrazado de políglota.
Avanza el futuro mientras anda
y arrastra las sombras ilusas de pasados y presentes.
No somos más que vejez esperando
el fin de los sueños destrozados,
como bandadas de palomas en tejados
tras el derrumbe de castillos de naipes.
¿Adónde irán si ya no hay viento,
ni chaparros ni encinas ni robles ni castillos?;
y la carne y los huesos fueron vencidos
por los rostros gélidos que miran
al pobre que todavía le arde el corazón.
Detrás de la cortina y la ventana duermen,
a salvo de la soledad de hoy,
aquella vejez brotada de la tierra,
y un niño oyendo el ulular del tiempo destruyendo
cada paso que dimos desde el único entonces.
a los tejados en bandada que lanzamos
desde un castillo derruido en la cima
de una niñez donde el monte era viento
entre robles, encinas y chaparros;
y esos cuerpecitos calurosos enfrentados
a infiernos y cielos monstruosos.
Dime si la vejez no espera todavía
en cualquier rincón de aquella infancia;
dime si no la arrastras todavía
por estas calles nauseabundas donde
compramos y vendemos el tiempo que trajimos
a cualquier imbécil disfrazado de políglota.
Avanza el futuro mientras anda
y arrastra las sombras ilusas de pasados y presentes.
No somos más que vejez esperando
el fin de los sueños destrozados,
como bandadas de palomas en tejados
tras el derrumbe de castillos de naipes.
¿Adónde irán si ya no hay viento,
ni chaparros ni encinas ni robles ni castillos?;
y la carne y los huesos fueron vencidos
por los rostros gélidos que miran
al pobre que todavía le arde el corazón.
Detrás de la cortina y la ventana duermen,
a salvo de la soledad de hoy,
aquella vejez brotada de la tierra,
y un niño oyendo el ulular del tiempo destruyendo
cada paso que dimos desde el único entonces.
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