Orlando A Reyes Ibarra
Poeta recién llegado
Roce húmedo de tibia cereza
trozos de rubíes lacios
que me tocan con cierta pureza,
ráfagas de fuego en aire fresco
mar de azúcar, saliva ardiente
placer absoluto caliente y terso,
lúdica cárnica, papilas musculares
búsqueda incesante de azúcar por caudales
jinetes blancos lisos y afilados
testigos encarcelados, fijos, clavados
de la marca rosa de los ósculos amados
entre abiertos mis ojos:
paisajes hermosos frente a mi frente
perfil de marfil amanecer de tu tez
montículo de tu nariz, duna o monte?
Perfecta táctil, sutil caricia,
arenosa y firme nariz
que anuncia la suave brisa
tibieza exhalada mortal delicia
cabello entrometido se cruza, se desliza
penetra en mi boca,
se funde en mis dientes,
se mezcla en la saliva,
incentiva mi placer, mi sabor, mi sonrisa.
paladares rugosos como arena tendida
la espuma de tus labios,
se exprime en la mordida
mi mano curiosa toca tu mejilla
sellando una caricia estre tu piel y la mía.
veneno de tus labios
néctar en petalos tersos
envenenen los míos
que en los tuyos son versos.
Mi muerte dulce quiero morir ahora
en tu solitaria cavidad de morir es la hora
rojo nacarado, blanco clavado
marfil sonrojado, rojo sangrante
testigos lujuriosos de mi muerte galante.
embriagado en medio de mi locura amante
y en la rivera de tu cuerpo
donde soy el caminante
inicie mi caminar.
bebí con mi boca salina
esa poción que me domina
y ya no quiero parar,
quiero avanzar en mi camino
quiero buscar el roce nectarino
que de tu boca explota
como olas contra las rocas,
que de tu boca sangra,
como savia de tronco bendito
en tu boca magra,
de colores y sabores infinitos.
Besame y no digas nada
que tu beso
brisa fresca de noche callada
habla por ti...
mi eterna enamorada.
Orlando Reyes.
trozos de rubíes lacios
que me tocan con cierta pureza,
ráfagas de fuego en aire fresco
mar de azúcar, saliva ardiente
placer absoluto caliente y terso,
lúdica cárnica, papilas musculares
búsqueda incesante de azúcar por caudales
jinetes blancos lisos y afilados
testigos encarcelados, fijos, clavados
de la marca rosa de los ósculos amados
entre abiertos mis ojos:
paisajes hermosos frente a mi frente
perfil de marfil amanecer de tu tez
montículo de tu nariz, duna o monte?
Perfecta táctil, sutil caricia,
arenosa y firme nariz
que anuncia la suave brisa
tibieza exhalada mortal delicia
cabello entrometido se cruza, se desliza
penetra en mi boca,
se funde en mis dientes,
se mezcla en la saliva,
incentiva mi placer, mi sabor, mi sonrisa.
paladares rugosos como arena tendida
la espuma de tus labios,
se exprime en la mordida
mi mano curiosa toca tu mejilla
sellando una caricia estre tu piel y la mía.
veneno de tus labios
néctar en petalos tersos
envenenen los míos
que en los tuyos son versos.
Mi muerte dulce quiero morir ahora
en tu solitaria cavidad de morir es la hora
rojo nacarado, blanco clavado
marfil sonrojado, rojo sangrante
testigos lujuriosos de mi muerte galante.
embriagado en medio de mi locura amante
y en la rivera de tu cuerpo
donde soy el caminante
inicie mi caminar.
bebí con mi boca salina
esa poción que me domina
y ya no quiero parar,
quiero avanzar en mi camino
quiero buscar el roce nectarino
que de tu boca explota
como olas contra las rocas,
que de tu boca sangra,
como savia de tronco bendito
en tu boca magra,
de colores y sabores infinitos.
Besame y no digas nada
que tu beso
brisa fresca de noche callada
habla por ti...
mi eterna enamorada.
Orlando Reyes.