La ventanta de enfrente.

Ad Libitum

Poeta recién llegado
Soy la que vive en los pisos baratos
frente a la manzana
de chalets de lujo
de la avenida.

Desde mi ventana
se ven sus piscinas y sus jardines.
Desde su azotea hay una panorámica perfecta
de todos nuestros pilares rotos.

Cuando llegué acá con quince años,
recibí una llamada amenazante
del vecino de enfrente
que detallaba todos
y cada uno
de mis movimientos
dentro de mi habitación.

Soy la pobreza a la vista
de los ojos golosos de miseria
del barrio más rico
de la ciudad.

Cada vez que me masturbo en mi cuarto,
que es mi templo,
imagino sus ojos
clavándose en mi nuca.

Soy la intimidad robada
de un cuarto sin persianas.

La puerta de mi bloque es la única sin rejas
de todo el vecindario.

Soy la ausencia de miedo
de quien no tiene nada
que puedan expoliarle.

Todo lo que tengo que ofrecer al ladrón
es este miedo de tragar cristales rotos,
este miedo de las puertas cerradas
que llevan
a otras puertas cerradas
que llevan
a otras puertas cerradas.

Ayer,
mientras volvía a reencontrarme en mi cuerpo,
resentí tu mirada
en la luz encendida
de la mansión de enfrente.

Y en tu mirada
A. volvió a saltar otra vez a ese tren en marcha
en el que yo intentaba huir,
M. volvió a convertirse en un frasco de pastillas
estrategicamente situado
a la hora exacta de mi muerte fallida.

Ayer tus dos ojos se convirtieron
en dos tarántulas
y cada pata era uno
de mis
depredadores.

Ayer el miedo se hizo fuego,
entró por mi entrepierna
como lo hace
siempre
el miedo,
y me preñó de insomnio
y pesadillas.

Tú vives en una paz
que es mi guerra.

Una paz de manos cortadas.
De lenguas cortadas.
Una paz que es igual a silencio.
Una paz que es igual a amenazas.

Ayer de tus ojos salieron
diez mil formas distintas
de saltar a las vías
cuando el tren se abalanza.

Ayer fuiste el bate de béisbol
y fuiste sus clavos ardiendo
y fuiste el ácido en la cara
y fuiste las ganas de vomitar
y fuiste el cuchillo
y la pistola penetrando
al cuerpo muerto
una vez más.

Ayer fuiste un día que es todos los días.

Fuiste, sí, tú, las ganas de llorar
después de un polvo
para el que nadie sintió la necesidad
de pedir mi permiso.

Pero tú,
que vienes del otro lado de la acera,
de los duplex con azotea y piscina,
no puedes entenderlo.

Pero tú,
que vienes del otro lado
del privilegio,

que aún crees que un servicio es nomás que un servicio
y no un callejón sin salida,
una encrucijada
de la que no hay garantías
de salir con vida,

que crees que una calle de noche
es nomás un paseo agradable
a la luz de una luna

y que no entiendes

que es también el peligro
de pasos acechando,
que es también el olor a alcohol
resbalando en mi cuello,
que es también la cerilla encendida
para prender mi cuerpo
que duerme entre cartones,

que es también el lugar
donde
nadie
se preocupará
al escuchar
mis gritos.

Pero tú,
que naciste
en el otro lado del miedo
no
puedes
no
sabes
no
quieres
entenderlo.
 
Magníficos versos a esas Casas Baratas que nadie creyó un día que dejaran de estar a las afueras de la ciudad, pero claro las ciudades crecen tanto como la especulación creando barrios residenciales ocupados en la realidad de la abundancia a tan solo dos pasos de las rejas que no tienen derecho a la intimidad.
Un placer leerte Ad Libitum, cada uno de tus versos es como un puñal a esa realidad que nadie quiere ver.
 
Magníficos versos a esas Casas Baratas que nadie creyó un día que dejaran de estar a las afueras de la ciudad, pero claro las ciudades crecen tanto como la especulación creando barrios residenciales ocupados en la realidad de la abundancia a tan solo dos pasos de las rejas que no tienen derecho a la intimidad.
Un placer leerte Ad Libitum, cada uno de tus versos es como un puñal a esa realidad que nadie quiere ver.

Gracias enormes por tus palasbras Valen_Tina, como siempre <3 <3 .
 

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