El viento que sopla,
el mismo que ayer
nos susurraba secretos
que al oído complacían,
cuyo frescor, suave,
nos reconfortaba,
se ha convertido
en viento airado
que nos hiela, sin piedad,
que arranca la piel,
asesino cruel,
de sueños y esperanzas.
Dormido en las aguas
de aquel estanque,
cuyo plácido rumor
avivaba nuestro amor,
nuestras ansias,
quedó la verdad
junto con la fuerza
que hacía realidad
nuestras creencias.
Todo oscuro se tornó;
nada quedó,
ni la luz del sol
que era para mí
tu sola presencia.
El fuego se extinguió
y la noche se instaló
porque es inútil
perseguir quimeras
cuando la realidad
es una enorme sombra,
una sombra que devora
la vida y el alma,
porque no sabe de amor,
desconoce la compasión
y que al único dios
que ésta adora
es la destrucción.
el mismo que ayer
nos susurraba secretos
que al oído complacían,
cuyo frescor, suave,
nos reconfortaba,
se ha convertido
en viento airado
que nos hiela, sin piedad,
que arranca la piel,
asesino cruel,
de sueños y esperanzas.
Dormido en las aguas
de aquel estanque,
cuyo plácido rumor
avivaba nuestro amor,
nuestras ansias,
quedó la verdad
junto con la fuerza
que hacía realidad
nuestras creencias.
Todo oscuro se tornó;
nada quedó,
ni la luz del sol
que era para mí
tu sola presencia.
El fuego se extinguió
y la noche se instaló
porque es inútil
perseguir quimeras
cuando la realidad
es una enorme sombra,
una sombra que devora
la vida y el alma,
porque no sabe de amor,
desconoce la compasión
y que al único dios
que ésta adora
es la destrucción.