Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Encontré abatido el ala de una libélula,
yacía en silencio olvidada en el suelo,
quizás la desprendió de su cuerpo aéreo
la exasperada velocidad del viento
o tal vez trató de enamorar a la libertad
y murió en suicidio en el intento.
Transparente y brillante fragilidad
pretendía esconderse entre hojas de fresnos,
pues la tomé como si yo hubiera sido su dueño,
Entonces la uní con pegamento a este anhelo
(De tenerte aquí a mi lado en este invierno)
Junto a una hoja seca en el otro extremo,
Y la aventé al vacío para que volara hasta ti
como un avión de sueños.
Hoy me pregunté quién fue el arquitecto
de esta vereda, cuando mas ángulos encuentro
más lejos de ti recambia las células mi cuerpo.
Camino por ella sin contar mis pasos, pero
sumando los minutos que me llevaran a tus besos.
Encontré un charco fresco de temprana lluvia,
tomé prestado un poema a un árbol,
gritaba de silencio, susurrándome al oído
¡Su nombre es como la caricia de un electrizante adagio!
Entonces pinté una tapita de gaseosa en el aire
en forma de bote mensajero, soltándola a la deriva
en ese frágil tajamar urbano, por si aparecieras
como un ángel y con tus manos la salvaras del naufragio.
Seguí caminando, preguntándome si el constructor
de esta vereda, al hacerla estaba ebrio,
Mas te busco menos te encuentro, y todo alrededor
Pareciera tener olor a sueños…
Pero solo algo te voy a decir: " No habrá polvo sin pisar,
ni cordones sin atar, por ti caminaré todos los horizontes
Hasta encontrarme con tus besos…"
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