Henry Miller
Poeta recién llegado
Cada que pierdo un ojo me digo a mi mismo: Henry no te desilusiones, la vida apesta pero Dios no lo sabe. Cuando una mujer te odia, cuando de verdad te odia eso es una sacudida, es como si perdieras un vuelo hacia el infierno o te pusieras a descansar de no hacer nada. Bueno, de niño yo era muy simpático y me gustaba ver las piernas de mis maestras, sabía que no había nada malo en ello. Era como los gatos que saben que las azoteas son naves que parten cada noche hacia la luna.
Las mujeres blancas y negras que no han fornicado desde que nacieron, pueden dar fe de ello. Pero yo no soy autoridad, yo simplemente soy un cronista que hurga entre viejas revistas y telescopios. Mi mirada es la mirada del voyeur, que siempre acaba lanzándose hacia el vacío. Mi madre, que no es mi verdadera madre sino una estatua de Remedios Varo, me inoculó la maldad. Y yo fui y le escupí en la cara para devolverle el favor, porque claro, uno debe ser condescendiente y no apegarse a nada.
Cuando Lautremont se tiró de un quinto piso, vinieron a recoger sus restos los ignorantes y pensaron que todo era cuestión de mezclar cosas abstrusas. No es así, el tercer ojo es una virtud clásica, los perros lo saben, por eso les da por mirar de esa forma extraña cuando te ven preocupado.
Todo tiene su chiste, si bajas despacio debes tener cuidado de no ahogarte en tus palabras. Es muy incómodo llegar a un sitio y no encontrar a nadie, como esos sueños en los que quieres regresar a casa y cada vez te pierdes más. Ponle un peso a la rockola y escucha tu canción favorita, eso te llevara de nuevo a la caverna de la que hablaba Platón. Aunque para el eso era un cuento.
Ayer me comí una mujer para bajar de peso, uno tiene que recurrir a estas estratagemas si quiere mantenerse vivo, porque el cuerpo se cansa y la mente también. En esta vida todo se trata de comer, de comerse los unos a los otros, de tragar pinoles y de usar desodorante. Si así no fuera, las viejas y los viejos repulsivos tendrían segundas nupcias y los mosquitos dejarían de picar y eso como dice mi hijo de 20 años, está muy cabrón.
Hay que ser sincero sin reservas, es preciso dar patadas al pesebre y mezclarse entre la muchedumbre para escuchar la opera. Si una mujer te ve, te reconocerá en seguida y entonces no podrás quitártela de encima. Esto funciona mejor que esos libros de seducción que hablan de muñecas inflables. Las mujeres tienen un sexto sentido para la poesía, aunque a veces se hagan las tontas para seguir controlando. Pero no es su culpa, así es su constitución pueden comerse un hombre en la mañana y otro en la noche y al día siguiente expulsar los huesos. Necesitas tener 100 años para comprenderlo.
Las mujeres blancas y negras que no han fornicado desde que nacieron, pueden dar fe de ello. Pero yo no soy autoridad, yo simplemente soy un cronista que hurga entre viejas revistas y telescopios. Mi mirada es la mirada del voyeur, que siempre acaba lanzándose hacia el vacío. Mi madre, que no es mi verdadera madre sino una estatua de Remedios Varo, me inoculó la maldad. Y yo fui y le escupí en la cara para devolverle el favor, porque claro, uno debe ser condescendiente y no apegarse a nada.
Cuando Lautremont se tiró de un quinto piso, vinieron a recoger sus restos los ignorantes y pensaron que todo era cuestión de mezclar cosas abstrusas. No es así, el tercer ojo es una virtud clásica, los perros lo saben, por eso les da por mirar de esa forma extraña cuando te ven preocupado.
Todo tiene su chiste, si bajas despacio debes tener cuidado de no ahogarte en tus palabras. Es muy incómodo llegar a un sitio y no encontrar a nadie, como esos sueños en los que quieres regresar a casa y cada vez te pierdes más. Ponle un peso a la rockola y escucha tu canción favorita, eso te llevara de nuevo a la caverna de la que hablaba Platón. Aunque para el eso era un cuento.
Ayer me comí una mujer para bajar de peso, uno tiene que recurrir a estas estratagemas si quiere mantenerse vivo, porque el cuerpo se cansa y la mente también. En esta vida todo se trata de comer, de comerse los unos a los otros, de tragar pinoles y de usar desodorante. Si así no fuera, las viejas y los viejos repulsivos tendrían segundas nupcias y los mosquitos dejarían de picar y eso como dice mi hijo de 20 años, está muy cabrón.
Hay que ser sincero sin reservas, es preciso dar patadas al pesebre y mezclarse entre la muchedumbre para escuchar la opera. Si una mujer te ve, te reconocerá en seguida y entonces no podrás quitártela de encima. Esto funciona mejor que esos libros de seducción que hablan de muñecas inflables. Las mujeres tienen un sexto sentido para la poesía, aunque a veces se hagan las tontas para seguir controlando. Pero no es su culpa, así es su constitución pueden comerse un hombre en la mañana y otro en la noche y al día siguiente expulsar los huesos. Necesitas tener 100 años para comprenderlo.
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