Es el sol de otoño que abraza las mañanas
y las hojas extintas caen copiosas
sobre los caminos de los años andados
En las impensadas tardes grises
los vidrios se empañan, y afloran
viejos mensajes escritos antaño.
Es la lluvia liviana, lluvia etérea,
que enjuaga esas ventanas de las largas esperas
Y las gotas desinfectan las penas
de aquel amor traspapelado.
Es el tiempo que pasa lento por los cuerpos
y descansa en ellos como medicina,
para sanar las noches sombrías de frustrados encuentros,
de pálidos sueños de farsantes abrazos, y simulados besos