TERRIN
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nunca quise la longevidad de mis mayores
ni pretendí sentarme en sus rodillas
eternamente, solo pedir en los albores
de los días pasados- y en su medida-
reivindicar mis derechos boreales
a vivir mi lapso en mi gama de colores
con la certeza de que no habrán días
oscuros, verborreas, aprendizajes
de materias que inútilmente entronquen
en la siguiente parada de mi vida.
Reivindicar una sombra en el tumulto
no es más que reforzar una instantánea
forma de valores, un sentir caduco
de navegar el velero llamado insignia
por los lares por los que anduvo
desnudo el espía de las brisas
esperando el último mendrugo.
La vida es tan bonita, que da pena
que decaiga en la espiral infinita
de normas manojos de nieblas-
por las que desfilamos con desidia
como hijos de un mal menor.
¡Qué da pena vivirla es una gran mentira!
por la que debemos pagar peaje
mientras acontece la benigna
su deambular por el baluarte
de todas aquellas batallas perdidas.
Si hay que luchar se batalla
hasta sus últimas consecuencias
pero no guíen mis palabras
profesores de la decencia
bajo el estandarte cabeza gacha-
de un ejército sin acometida.
Manuel Moral Terrín (copyright©)