La Villa de San Miguel

Una ventana al cielo se abre en mi alma,
refulgente, con cálidos soles de Arabia
Desiertos sin cactus para no herirla...
sin lagrimas de plata, ni estigmas ocres

La llamé por su nombre con letras menudas,
como la lluvia que mojó su vestido azul,
como el suave terciopelo de la madame
que nos sonreía en las tardes de Estambul

Mi corazón delataba el amor en su interior,
cándido pétalo de una flor robada en Abril,
en la antesala de un verano sin calendario
en las laderas de las montañas de Medellín

Ahora se va solitaria, sin comprender mi dolor,
el desahucio adrede de las rosas de mi alma,
callando en las noches en vela mi desespero
por la desazón de dejarla herida en Las Palmas

Un adiós solemne plasmó en su mano blanca,
réquiem eterno de los que se van sin querer...
egregia, regó con sus lagrimas el polvo del camino
Ahora se va sola...sin mi, a la Villa de San Miguel.
Vehemente lirismo, melancolía y emotividad rezuman todos y cada uno de tus versos amigo Antonio, he disfrutado con la lectura siéndome muy grato dejarte mi humilde huella. Besos para ti con toda mi admiración y cariño...muáááááckssss
 

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