Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Es la caída de todo el sentimiento
el piano cae gota a tecla
cual parsimonia, indicando los
lugares por los cuales debo transitar.
No miro hacia atrás, pues lloro suave
mas mis hijos y sus rabietas
me recuerdan a la Abuela que
quedó tan enquistada en mi corazón
por siempre y para siempre.
Las tardes de Santa Adela:
La Villa, la población y el pelambre
Es mi grito y mi caída
te pareces Dios; te pareces
pues habitas en mí
y me permites el recuerdo suave y placentero y
eres el yo que irrumpe desde los aires
de bien arriba y me contempla.
Pero no quiero y quiero llorar; mas sirve:
me conecta a escenas y fotos
de mi infancia rebelde y apasionada
de tantos llantos y desacuerdos
de tantas esquinas frías templadas
con el humo del cigarro;
de amigos que quedaron parados bajo los postes,
acariciando botellas verdiblancas y quebrándolas,
entre risotadas que duraban
No perduraron:
quedaron bajo los postes tristes,
pues predecían que no sabrían qué contar,
aunque fuese a un pobre papel blanco.
el piano cae gota a tecla
cual parsimonia, indicando los
lugares por los cuales debo transitar.
No miro hacia atrás, pues lloro suave
mas mis hijos y sus rabietas
me recuerdan a la Abuela que
quedó tan enquistada en mi corazón
por siempre y para siempre.
Las tardes de Santa Adela:
La Villa, la población y el pelambre
Es mi grito y mi caída
te pareces Dios; te pareces
pues habitas en mí
y me permites el recuerdo suave y placentero y
eres el yo que irrumpe desde los aires
de bien arriba y me contempla.
Pero no quiero y quiero llorar; mas sirve:
me conecta a escenas y fotos
de mi infancia rebelde y apasionada
de tantos llantos y desacuerdos
de tantas esquinas frías templadas
con el humo del cigarro;
de amigos que quedaron parados bajo los postes,
acariciando botellas verdiblancas y quebrándolas,
entre risotadas que duraban
No perduraron:
quedaron bajo los postes tristes,
pues predecían que no sabrían qué contar,
aunque fuese a un pobre papel blanco.