ESTRELLA LUCERO
Poeta recién llegado
La Visita
Me embriagué con tus ondas cálidas
nada más llegar
y fue tu halo quien hizo vibrar
la luz opaca de mis pupilas álgidas
Nos reconocimos en un pestañear
y fuimos dos cuerpos borrosos
hartos de esperar, fogosos...
solo ellos frente al mar.
Sentiste de mis dedos los destellos
enredados en tu crespa melena
y levité en la noche serena
mordiendo los lunares de tu cuello
Temblé en tus palabras infieles
y fui una flor desamparada
contra el canto de un jarrón, tumbada
escurridiza entre tus manos crueles
Tuvieron tus labios la respuesta
que los míos con afán buscaron
y se hablaron a solas, alucinaron.
en una dulce y profunda siesta
Subieron las sombras a mis ojos
y miré por tus pupilas castañas
oscuras de placer, hurañas...
bailando a la luz de mis antojos.
Trizamos todos los cristales
con aquella onda expansiva
harta de placer, adictiva...
el primero de nuestros pecados carnales.
Y te mostré el día del juicio
en el borde mismo de mi espalda
en el límite de la última yarda...
antes de terminar con el suplicio.
Y cada vez que ambos recordamos
tú en tu patria y yo en la mía
aquel momento de agonía
embebidos de nostalgia, lloramos
Así fue como nos conocimos
aquella noche estrellada
y soltamos una pasión amarrada
en el instante mismo en que nos vimos...
Estrella
Me embriagué con tus ondas cálidas
nada más llegar
y fue tu halo quien hizo vibrar
la luz opaca de mis pupilas álgidas
Nos reconocimos en un pestañear
y fuimos dos cuerpos borrosos
hartos de esperar, fogosos...
solo ellos frente al mar.
Sentiste de mis dedos los destellos
enredados en tu crespa melena
y levité en la noche serena
mordiendo los lunares de tu cuello
Temblé en tus palabras infieles
y fui una flor desamparada
contra el canto de un jarrón, tumbada
escurridiza entre tus manos crueles
Tuvieron tus labios la respuesta
que los míos con afán buscaron
y se hablaron a solas, alucinaron.
en una dulce y profunda siesta
Subieron las sombras a mis ojos
y miré por tus pupilas castañas
oscuras de placer, hurañas...
bailando a la luz de mis antojos.
Trizamos todos los cristales
con aquella onda expansiva
harta de placer, adictiva...
el primero de nuestros pecados carnales.
Y te mostré el día del juicio
en el borde mismo de mi espalda
en el límite de la última yarda...
antes de terminar con el suplicio.
Y cada vez que ambos recordamos
tú en tu patria y yo en la mía
aquel momento de agonía
embebidos de nostalgia, lloramos
Así fue como nos conocimos
aquella noche estrellada
y soltamos una pasión amarrada
en el instante mismo en que nos vimos...
Estrella