_SEBASTIEN_
Poeta fiel al portal
Que dulce el sonido de mis lágrimas,
el rubor que dan a un rostro triste.
El fuego líquido que por las mejillas
cantando cual iceberg en el mar sin luna,
va silente entre la selva de mis pesares,
confundiéndose con el dolor y sus colores,
con los matices de la natura que solloza
entre suspiros... que dulce es llorar a solas,
y dejar que el manantial suave y cristalino
se lleve en sus notas las efímeras penas,
borrando con sus manos como alas
cicatrices que el tiempo se complace
en tatuar con tinta sangre bajo el alma.
Que suave el sabor de unos labios que lloran,
natural bosquejo de un plegaria dolorosa,
licor misterioso, confortante, hecho de la esencia
del mismo dolor, que expresa y combate.
Grato es llorar en la penumbra sin asco,
sin verg [FONT="]üenza dejar las lágrimas correr
por mis manos, que inunden el silencio
mis ahogados sollozos, como la música que se cuela
en la enorme lonja de la catedral del olvido,
para desaparecer de pronto entre la nada,
solo recordada por su estela tibia y diamantina,
llanto que desfigures así las madrugadas,
expresa con elocuencia lo que no hacen las miradas,
con tu beso en mi piel fría...
la huella de sus manos calma.
L. Sebastien Nocturne.
el rubor que dan a un rostro triste.
El fuego líquido que por las mejillas
cantando cual iceberg en el mar sin luna,
va silente entre la selva de mis pesares,
confundiéndose con el dolor y sus colores,
con los matices de la natura que solloza
entre suspiros... que dulce es llorar a solas,
y dejar que el manantial suave y cristalino
se lleve en sus notas las efímeras penas,
borrando con sus manos como alas
cicatrices que el tiempo se complace
en tatuar con tinta sangre bajo el alma.
Que suave el sabor de unos labios que lloran,
natural bosquejo de un plegaria dolorosa,
licor misterioso, confortante, hecho de la esencia
del mismo dolor, que expresa y combate.
Grato es llorar en la penumbra sin asco,
sin verg [FONT="]üenza dejar las lágrimas correr
por mis manos, que inunden el silencio
mis ahogados sollozos, como la música que se cuela
en la enorme lonja de la catedral del olvido,
para desaparecer de pronto entre la nada,
solo recordada por su estela tibia y diamantina,
llanto que desfigures así las madrugadas,
expresa con elocuencia lo que no hacen las miradas,
con tu beso en mi piel fría...
la huella de sus manos calma.
L. Sebastien Nocturne.
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