Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Camina por los
laberintos de mi sangre,
llega sigilosamente,
deseándome por siempre,
en el amor
no hay relojes.
Entra en mi fatiga,
bosque sombrío y
al amanecer
cubre mis heridas,
séllalas con tus manos
plétoras de alegrías.
Irrumpe en mi orgullo
lentamente y hambrienta,
fija tus ojos en mi miedo,
flor final que así perderá
su gracia inútil y
nuestra vida
entonces será
una etiqueta del
sol en la piedra dura.
En la mañana,
te pronostico la alegría,
que se levantará
para vivir las tentativas,
abre tu alma para
ofrecerte todo,
los cielos misteriosos,
las constelaciones
cambiadas de puesto
entre los mundos y
las estrellas.
Y los sueños,
que viven entre
ellas, allá, en el exterior
del universo,
horizonte de tu alma.
laberintos de mi sangre,
llega sigilosamente,
deseándome por siempre,
en el amor
no hay relojes.
Entra en mi fatiga,
bosque sombrío y
al amanecer
cubre mis heridas,
séllalas con tus manos
plétoras de alegrías.
Irrumpe en mi orgullo
lentamente y hambrienta,
fija tus ojos en mi miedo,
flor final que así perderá
su gracia inútil y
nuestra vida
entonces será
una etiqueta del
sol en la piedra dura.
En la mañana,
te pronostico la alegría,
que se levantará
para vivir las tentativas,
abre tu alma para
ofrecerte todo,
los cielos misteriosos,
las constelaciones
cambiadas de puesto
entre los mundos y
las estrellas.
Y los sueños,
que viven entre
ellas, allá, en el exterior
del universo,
horizonte de tu alma.
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