Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Corrían las ocho después del medio día,
y sentado esperaba tu llegada,
mientras saboreaba tu exquisita sombra,
de pronto te asomas en el umbral,
lucias perfecta, bella, enigmática,
más tus labios carmesí sobresalían desde tus labios,
y tu piel contrastaba del vestido negro.
Besaste con suavidad mis labios,
el asiento de en frente te esperaba envolvente,
el lugar atestado de risas y coloquios,
pero nuestras miradas hacían de la privacidad nuestro encuentro,
luces tenues fisgoneaban desde las velas,
flores aromáticas embriagaban junto a tu perfume,
ojos danzantes se apoyaban en mis sienes,
tus labios jugueteabas cerca de la copa,
que en guiños cómplices participaban de mis dedos.
Palabras llenas de encanto y suavidad se musitaban
un halo de brisa cálida se colaba por entre las piernas,
un cántico de versos se dejaban caer en nuestros oídos
llenando espacios junto a tu sonrisa,
la luz se escondía por entre tus ojos,
que vociferaban atestados de sueños y deseos,
que pronto nos invitaba a caminar de la mano
entre adoquines, neón y cómplice designio.
La noche caía mística en la habitación,
yo te invitaba un beso,
tu me regalabas tus labios,
que enteros se liaban dejando una dulce estela,
por entre las caricias
yo te sugería un roce,
tu me sacudías con una mirada,
y la eterna entrega comenzaba a desvestir
las tiras de tu vestido negro,
que descorrían suaves desde tus hombros,
provocativa piel me sugería el silencio,
el cuero de mi cinturón,
yacía inconsciente en el piso,
dejando descubierto e inquieto mi obsequio,
respiros agitados palpitaban acelerados junto a mi corazón,
y te dejo volar por sobre mi sudor,
hasta que la furia de tu ondulación
alivie con quejidos entre tus espasmos,
derramando la cálida esencia desde mi deleite.
Y la noche la quería eterna entre segundos,
que enloquecidos se peleaban por salir de la pared,
más les rendía pleitesía,
para que el cucú no despertara de su larga hibernación,
y que el alba no llegue de ladronzuelo
para robarme tu cercanía,
que cada vez se hacía más etérea
dentro de mis sienes,
apostada en el umbral....., de labios carmesí.
y sentado esperaba tu llegada,
mientras saboreaba tu exquisita sombra,
de pronto te asomas en el umbral,
lucias perfecta, bella, enigmática,
más tus labios carmesí sobresalían desde tus labios,
y tu piel contrastaba del vestido negro.
Besaste con suavidad mis labios,
el asiento de en frente te esperaba envolvente,
el lugar atestado de risas y coloquios,
pero nuestras miradas hacían de la privacidad nuestro encuentro,
luces tenues fisgoneaban desde las velas,
flores aromáticas embriagaban junto a tu perfume,
ojos danzantes se apoyaban en mis sienes,
tus labios jugueteabas cerca de la copa,
que en guiños cómplices participaban de mis dedos.
Palabras llenas de encanto y suavidad se musitaban
un halo de brisa cálida se colaba por entre las piernas,
un cántico de versos se dejaban caer en nuestros oídos
llenando espacios junto a tu sonrisa,
la luz se escondía por entre tus ojos,
que vociferaban atestados de sueños y deseos,
que pronto nos invitaba a caminar de la mano
entre adoquines, neón y cómplice designio.
La noche caía mística en la habitación,
yo te invitaba un beso,
tu me regalabas tus labios,
que enteros se liaban dejando una dulce estela,
por entre las caricias
yo te sugería un roce,
tu me sacudías con una mirada,
y la eterna entrega comenzaba a desvestir
las tiras de tu vestido negro,
que descorrían suaves desde tus hombros,
provocativa piel me sugería el silencio,
el cuero de mi cinturón,
yacía inconsciente en el piso,
dejando descubierto e inquieto mi obsequio,
respiros agitados palpitaban acelerados junto a mi corazón,
y te dejo volar por sobre mi sudor,
hasta que la furia de tu ondulación
alivie con quejidos entre tus espasmos,
derramando la cálida esencia desde mi deleite.
Y la noche la quería eterna entre segundos,
que enloquecidos se peleaban por salir de la pared,
más les rendía pleitesía,
para que el cucú no despertara de su larga hibernación,
y que el alba no llegue de ladronzuelo
para robarme tu cercanía,
que cada vez se hacía más etérea
dentro de mis sienes,
apostada en el umbral....., de labios carmesí.