Anibal Rodriguez
Poeta adicto al portal
Fue mi sueño universo de colores
que abrigarte quería con su flama,
pues traía los halos cristalinos
que despiden las limpias alboradas.
El jardín deslumbrante de mi anhelo
florecía de amor por la mañana,
con esencias supremas de ternura,
a tu cuerpo, inundar imaginaba.
De tu boca carnosa pretendía
disfrutar con pasión su roja llama,
y sentir de sus pétalos de rosa
ese néctar tan dulce que arrebata.
Muchas veces tu voz me parecía
bello trino con nota que desgrana,
el arpegio que suave se desliza
y penetra con fuerzas en el alma.
Cuantas veces te dije en mis poemas
del ensueño que dentro yo llevaba;
que tenía frescura de la brisa
y cadencia de rima apasionada.
Por las noches, mis versos encendidos,
en los rayos de luna se posaban,
esperando encontrar en sus reflejos
el divino fulgor de tu mirada.
De mis letras salían los lamentos
cual quejidos de alondras sin sus alas,
que desean volar por las alturas
anunciando de amor su serenata.
Mas mi loca esperanza fenecía
como triste azucena deshojada,
al mirar tu sonrisa tan distante
como estrella que habita otra galaxia.
Y de nada sirvieron tantos ruegos,
ignoraste mi grande llamarada,
y me dejas cubierto por las sombras
de la triste verdad que me taladra.
Esa inmensa tristeza que destilan
los inviernos en gélidas sabanas,
eso mismo reflejan mis pesares,
y tus labios soñados solo callan.
Hoy mi lira tan sola va quedando
escondiendo su pena tan ingrata,
y sus cuerdas ya rotas solo tañen
los suspiros mas llenos de añoranza.
¡Mis anhelos quedaron enterrados
donde yacen quimeras destrozadas,
y navega mi sueño en el delirio
de ese beso tan tierno que soñara!
Autor: Aníbal Rodríguez.
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