Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Atrevido me confieso
y en ladrón me convierto,
ladrón de tus labios,
donde he de derretir mis besos,
atizando mi calor,
para que perenne se acomode en tu figura,
ladrón de tu mirada,
para beberla a un lado del iris
y conocer tus colores,
y ahuyentar tus lágrimas,
cuando asomen desde su humedad
y conquistar tus pupilas
debajo de enredaderas que me lían seductoras,
como el guiño de los pétalos al abejorro.
Ladrón de tus deseos,
de tus piernas descansando en las mías,
de tus dientes mordiendo mi piel,
de tu boca trémula de placer,
de tu vientre extrayendo mi sudor,
que desparramo insensato por debajo de tu corteza,
apaciguando tu grito,
que se cobija en mis sienes,
hasta el último leve quejido,
que se acompaña de tu fuerza que me aprieta
y en ojos cerrados me convierto,
para percibir hasta tu espasmo más ínfimo .
Ladrón del hechizo me consiento,
y te nombro a hurtadillas,
para que el resto no escuche,
que desde mi voz se repite tu nombre,
anclado desde antes de mi nacimiento en abril,
aferrado en esta noche de luna,
que con su haz de luz,
me dejo ver entre sombras
y heme aquí ladrón absuelto
del juez del invierno,
que se ha quitado su gorra,
para acariciar mis sienes,
tenuemente blancas en este hoy,
en este instante,
que me he sugerido bribón,
para así robar la magia de tus sueños,
para así degustar la miel de tu sabor.
para así atesorar lo suave de tu olor....
y en ladrón me convierto,
ladrón de tus labios,
donde he de derretir mis besos,
atizando mi calor,
para que perenne se acomode en tu figura,
ladrón de tu mirada,
para beberla a un lado del iris
y conocer tus colores,
y ahuyentar tus lágrimas,
cuando asomen desde su humedad
y conquistar tus pupilas
debajo de enredaderas que me lían seductoras,
como el guiño de los pétalos al abejorro.
Ladrón de tus deseos,
de tus piernas descansando en las mías,
de tus dientes mordiendo mi piel,
de tu boca trémula de placer,
de tu vientre extrayendo mi sudor,
que desparramo insensato por debajo de tu corteza,
apaciguando tu grito,
que se cobija en mis sienes,
hasta el último leve quejido,
que se acompaña de tu fuerza que me aprieta
y en ojos cerrados me convierto,
para percibir hasta tu espasmo más ínfimo .
Ladrón del hechizo me consiento,
y te nombro a hurtadillas,
para que el resto no escuche,
que desde mi voz se repite tu nombre,
anclado desde antes de mi nacimiento en abril,
aferrado en esta noche de luna,
que con su haz de luz,
me dejo ver entre sombras
y heme aquí ladrón absuelto
del juez del invierno,
que se ha quitado su gorra,
para acariciar mis sienes,
tenuemente blancas en este hoy,
en este instante,
que me he sugerido bribón,
para así robar la magia de tus sueños,
para así degustar la miel de tu sabor.
para así atesorar lo suave de tu olor....