Susana del Rosal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sus brazos fueron robles, cargándome risueña,
sus manos fueron suaves cadenas de rocío,
sus uñas fuertes garras al defender el nido,
sus sopas ricas mezclas de carbón y de leña.
Y se rompió su tronco por la angustia del tiempo,
sus ojos azulearon y su voz se quebró,
y el bebé, su retoño tierno que era yo,
lloró sobre sus ramas dobladas por el viento.
En mi regazo tengo regados sus cabellos
ahora casi blancos cuando antes eran negros,
y ya no sé quien quiere más mimo o más amor;
si yo, que necesito su luz y sus destellos,
o ella, que está viendo su mundo tan pequeño
porque se siente ahora tan niña como yo.
sus manos fueron suaves cadenas de rocío,
sus uñas fuertes garras al defender el nido,
sus sopas ricas mezclas de carbón y de leña.
Y se rompió su tronco por la angustia del tiempo,
sus ojos azulearon y su voz se quebró,
y el bebé, su retoño tierno que era yo,
lloró sobre sus ramas dobladas por el viento.
En mi regazo tengo regados sus cabellos
ahora casi blancos cuando antes eran negros,
y ya no sé quien quiere más mimo o más amor;
si yo, que necesito su luz y sus destellos,
o ella, que está viendo su mundo tan pequeño
porque se siente ahora tan niña como yo.
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