Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Es cierto, lamento la ausencia de tu cuerpo,
especialmente cuando lo recuerdo, lívido, inerte, blanco como la nieve, el cuero completo contrito y confeso,
un homenaje a tu glorioso deceso,
unos brazos que emergieron del ataúd,
los tuyos, aquellos cubiertos de piel negra, tela negra, en pulcritud,
que tus ojos no salían, no emergían de tu lecho,
con cada una de tus rosas negras, un beso repleto,
sincero, sin vida, sin muerte, de sus manos y dedos escueto,
parapetado detrás de montículos de tierra,
escondiendo tus manos que envolvían lentamente la espera,
una mano afuera, unos ojos licuados que ser formaban una y otra vez,
un destino diáfano,
dispar, una nueva luna, una luna gris, te alejaste temprano,
y te vi una y otra vez,
y me miraste, con esos ojos carentes de vida, de odio, de amor y de día,
de noche te vine a buscar,
y regresamos a tu casa, al ataúd de tu historia,
para poder regresar,
para poder descansar,
otra vez,
en lamento,
con cada intento,
y en cada desierto.
especialmente cuando lo recuerdo, lívido, inerte, blanco como la nieve, el cuero completo contrito y confeso,
un homenaje a tu glorioso deceso,
unos brazos que emergieron del ataúd,
los tuyos, aquellos cubiertos de piel negra, tela negra, en pulcritud,
que tus ojos no salían, no emergían de tu lecho,
con cada una de tus rosas negras, un beso repleto,
sincero, sin vida, sin muerte, de sus manos y dedos escueto,
parapetado detrás de montículos de tierra,
escondiendo tus manos que envolvían lentamente la espera,
una mano afuera, unos ojos licuados que ser formaban una y otra vez,
un destino diáfano,
dispar, una nueva luna, una luna gris, te alejaste temprano,
y te vi una y otra vez,
y me miraste, con esos ojos carentes de vida, de odio, de amor y de día,
de noche te vine a buscar,
y regresamos a tu casa, al ataúd de tu historia,
para poder regresar,
para poder descansar,
otra vez,
en lamento,
con cada intento,
y en cada desierto.