Carlos Rodgers
Poeta recién llegado
En aquella noche, mientras dormía acompañado de la soledad, una gota de lluvia abandonó su naturaleza para golpear mi rostro y espantar mi sueño, no era necesario ser un sabueso para identificar ese aroma calido y especial que tiene la lluvia de noviembre, que junto al cantar de centellas, trajeron a mi mente dulces recuerdos de mi preciada libertad, que hoy, encerrada en esta celda de concreto y barrotes desea mas que nunca volver a ser feliz.
Y es que tan solo pensar: en que seria de mi sangre sino recorre mis venas; que seria del amor sino es amado; o que seria del aire sino tiene quien lo respire. Dan una idea muy clara de lo que seria de mí sino tengo mi libertad. Desconozco la razón que me motiva, quizás, porque no es la razón la que me motiva, sino el poder del amor que cada vez me aferra más a la vida, y aunque la vida no se aferra a mí porque cada instante se alejas más de mi alma con la única intención de huir y no volver jamás.
Cuando la luna eterna me regale su último suspiro y el sol cubra mis ojos con su grandeza, en ese momento, será solo en ese momento, que este pobre hombre extenderá sus alas empolvadas para volver a volar...
Y es que tan solo pensar: en que seria de mi sangre sino recorre mis venas; que seria del amor sino es amado; o que seria del aire sino tiene quien lo respire. Dan una idea muy clara de lo que seria de mí sino tengo mi libertad. Desconozco la razón que me motiva, quizás, porque no es la razón la que me motiva, sino el poder del amor que cada vez me aferra más a la vida, y aunque la vida no se aferra a mí porque cada instante se alejas más de mi alma con la única intención de huir y no volver jamás.
Cuando la luna eterna me regale su último suspiro y el sol cubra mis ojos con su grandeza, en ese momento, será solo en ese momento, que este pobre hombre extenderá sus alas empolvadas para volver a volar...