Michael Angelo Guadalupe
Poeta recién llegado
Lanza una flecha que me salve
La vida es una solitaria penitencia sofocante.
¡Ay!, si ya respirar es un maldito sacrilegio,
ojos como caudales de ríos trepidantes,
ahogan mi espíritu sin virtud, ¡Ay de mi alma errante!
Que mi enemigo sobre mí, lancé una flecha que me salve,
que ella abra una herida en mi corazón que nuble mi dolor,
Así, y solo así, seré libre de su frío,
del agonizante veneno de su desamor,
pues ya no existe en mi alma el brío,
y extenuado ya murió el calor.
¡Que alguien me salve!
ya no aguanto de sus labios la pérdida de facultad,
La luz abandonó sus ojos y se ocultó en las mazmorras,
para sentenciarme así al sigilo donde ha muerto la verdad.
Nada duele más que el desamor, os aseguro,
nada quema más mi alma que su frialdad,
en ensueños vivo con ella un futuro,
pero desdichada y pusilánime es mi realidad.
La vida es una solitaria penitencia sofocante.
¡Ay!, si ya respirar es un maldito sacrilegio,
ojos como caudales de ríos trepidantes,
ahogan mi espíritu sin virtud, ¡Ay de mi alma errante!
Que mi enemigo sobre mí, lancé una flecha que me salve,
que ella abra una herida en mi corazón que nuble mi dolor,
Así, y solo así, seré libre de su frío,
del agonizante veneno de su desamor,
pues ya no existe en mi alma el brío,
y extenuado ya murió el calor.
¡Que alguien me salve!
ya no aguanto de sus labios la pérdida de facultad,
La luz abandonó sus ojos y se ocultó en las mazmorras,
para sentenciarme así al sigilo donde ha muerto la verdad.
Nada duele más que el desamor, os aseguro,
nada quema más mi alma que su frialdad,
en ensueños vivo con ella un futuro,
pero desdichada y pusilánime es mi realidad.