kique
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegó temprano, como cada día, envuelta en sus ajados ropajes y se sentó en el suelo. Al lado puso un viejo cuenco y un desgastado cartón en el que podía leerse, como si fuera un epitafio:
POR FABOR AYUDEME NO TENGO QUE COMER.
Después doblo su mirada, mas por el dolor que por el hambre, y se sumergió en el vacío temporal.
De repente el golpe de una moneda en el plato, le hizo responder: Gracias, vaya con Dios, y volvió a sumirse en su vacío. Una voz, esta vez, le contestó: Quede con él.
Volvió a la realidad y levantando la vista vio que entraba ya en la Iglesia.
POR FABOR AYUDEME NO TENGO QUE COMER.
Después doblo su mirada, mas por el dolor que por el hambre, y se sumergió en el vacío temporal.
De repente el golpe de una moneda en el plato, le hizo responder: Gracias, vaya con Dios, y volvió a sumirse en su vacío. Una voz, esta vez, le contestó: Quede con él.
Volvió a la realidad y levantando la vista vio que entraba ya en la Iglesia.