Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Largas horas mirándote
anhelando dejarte quieta en la memoria,
para cuando la soledad quiera volver a morar..., más del tiempo contratado,
asomas a mi agónica llamada por la rendija de mis palabras,
entornando suspiros que han de llenar tu ausencia..,
extenuando mi longeva añoranza.
Largas horas se quedan pegadas a mis pestañas
esperando evadir al letargo que se mece cansado
y en sus añiles intervalos,
pretendo reclamar al tiempo su distancia,
pues añoro tu mirada puesta en la mía
y no sentir utopías revolotear descaradas,
que se ríen a costa de mi abúlica estancia.
Lánguidas horas se quejan dormidas entre mis sábanas
sugiriendo sueños menguantes,
en donde sapos y culebras,
croan un mensaje y silban mi latido,
que sólo escuchan mis manos,
rajadas y ásperas transitando por el tiempo
a ver si encuentran las caricias,
que un día rodearon tu figura
desgreñando la silueta que conspicua asentía mi asechanza.
Sostengo las horas forajidas,
que alguna vez detuve para evocar tu mirada
y hoy que mi cabeza da vuelta en llamaradas,
la busco entre las flamas,
para atenuar esta gélida madrugada,
que quema mi aliento en su eterna alborada..
anhelando dejarte quieta en la memoria,
para cuando la soledad quiera volver a morar..., más del tiempo contratado,
asomas a mi agónica llamada por la rendija de mis palabras,
entornando suspiros que han de llenar tu ausencia..,
extenuando mi longeva añoranza.
Largas horas se quedan pegadas a mis pestañas
esperando evadir al letargo que se mece cansado
y en sus añiles intervalos,
pretendo reclamar al tiempo su distancia,
pues añoro tu mirada puesta en la mía
y no sentir utopías revolotear descaradas,
que se ríen a costa de mi abúlica estancia.
Lánguidas horas se quejan dormidas entre mis sábanas
sugiriendo sueños menguantes,
en donde sapos y culebras,
croan un mensaje y silban mi latido,
que sólo escuchan mis manos,
rajadas y ásperas transitando por el tiempo
a ver si encuentran las caricias,
que un día rodearon tu figura
desgreñando la silueta que conspicua asentía mi asechanza.
Sostengo las horas forajidas,
que alguna vez detuve para evocar tu mirada
y hoy que mi cabeza da vuelta en llamaradas,
la busco entre las flamas,
para atenuar esta gélida madrugada,
que quema mi aliento en su eterna alborada..