Bet
Poeta adicto al portal
Era mi dama, Morgana,
un dechado de virtudes
asomada en su ventana
escondida tras sus tules...
Yo al pasar sólo veía
un copetillo asomando
y unas manos saludando
presas de gran alegría
Informándome en el pueblo
pronto me vine a enterar
de que la Dama Morgana
era una celebridad
Era por lo visto buena...
ella bordaba y cosía...
cantaba con alegría
y en el laúd era diestra
Hija única (decían)
de Don Gonzalo Linar
(el que a la guerra fué a dar
y que aún no volvería
pues quedaban todavía
muchos moros que matar)
En su grandote castillo
la pobre vivía penando
cansada de pensar tanto
en su padre y en su tío
(que también era en la guerra
el terror de los moriscos)
Sólo cuidaba a la Dueña
una sirvienta viejita
útil, veloz y risueña,
fiel, nerviosa y delgadita...
Noches enteras velaba
pensando en esa mi Dama
y en sus manos exquisitas
asomándo a su ventana
y, en estas, en mis desvelos
raudo y veloz la veía
como "la esencia divina"
de los más sutiles sueños...
Siete meses me pasé
rondando por el castillo
bajo soles abrasantes
lluvias, vientos y hasta fríos
cantándole agonizante
mi amorosos delirios...
(Hasta había enflaquecido...
me quedé hecho un guiñapo...
!enfermo de cantar tanto
que era envidia de los grillos..!)
Mas un día mi martirio
tuvo por fín su final
cuando observé a la sirvienta
que me silbaba al pasar...
!Venga para aquí, muchacho!
!Que se va usted a enfriar...!
que hoy tenemos una "rasca"
!que es una barbaridad...!
Pase..., que mi dulce niña,
ansiosa le está esperando
pues tocada por su canto
se ha venido a enamorar...
Corrí veloz cual conejo
colándome por la puerta
(que permanecía abierta
invitándome a pasar...)
y subí las escaleras...
y miré por los rincones...
presa de mil emociones
que no podría explicar
Mas cuando por fín tenía
frente de mí a mi princesa
noté que cierta "extrañeza"
por mi cuerpo recorría...
pues de su augusta cabeza
(desprovista de sus tules)
una nariz gigantesca
me recibía de bruces
y unos labios regordetes
(a falta de algunos dientes)
con cariño sonreían
mientras que sus manos tibias
de un zarpazo me apretaban
(de forma que me dejaban
!muy cerquita de la asfixia!...)
!No sé quien corría mas...!
Si la sirvienta blandiendo
la escoba como argumento...
La dulce damita mía
deshaciéndose en lamentos
y rejurando porfías...
O este pobre trovador
que los mil vientos bebía
pues presa de un gran pavor
!sólo alejarse quería
de tamaña aparición!
Por eso les aconsejo
a todos los trovadores
que antes de cantar canciones
debajito de una almena
!VEAN SI VALE LA PENA
LA DAMA DE SUS AMORES...!
No se vean abocados
(como hoy les cuento yo)
a enfebrecidas carreras
fruto de la decepción...