las bragas que olvidaste

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
hallé unas bragas tuyas
hechas bola tiradas en el piso
detrás de la caja en el clóset donde arrumbo
las libretas en las que escribo mis
geniales poemas

de satén blanco, tipo tanga
con encaje de brillitos y en la parte levemente
abombada del monte de venus
un puto corazón trazado con lentejuelas rojas
de las que se habían caído más de la mitad

las recogí y me las llevé a la cara
para sentir la suavidad del satén en mi mejilla
y olfatear la zona debajo de las lentejuelas
por si acaso restase en ella una molécula sobreviviente
de los ácidos efluvios de otros tiempos
que me sirviese como estímulo desencadenante
para revivir siquiera fuese en mi mente
alguna grandiosa cogida de antaño

y por cierto que encajar mi nariz en ellas
me llevó de regreso a esa no muy lejana tarde
un martes 3 de abril de 2018
cuando, pertrechado de cerveza y cigarrillos
me había tirado en el puto sillón en calzoncillos
a sobarme los huevos y
mirar el partido definitorio de la fase de cuartos de la champions league
entre el real madrid y la juventus
en mi pantallota de plasma de 95 pulgadas cuadradas
sin importarme una mierda que precisamente ese día
-precisamente uno de los días en que, aparte del futbol
a mí me chupaba un huevo cualquier otra cosa que pudiese ocurrir
ya fuese dentro o fuera de la puta vía láctea-
tú hubieras empezado a ovular y por lo tanto
-dado que se suponía que embarazarte y tener un hijo parecía ser la única forma
que nos quedaba para impedir que nuestra relación se fuese a la mierda-
te habías arreglado toda sensual con las bragas más calientavergas de tu ajuar
y una mini de mezclilla entallada que apenas te tapaba el culo

y andabas revoloteando por ahí con una puta escoba en la mano
haciendo como que te movía un gran interés en extraer
hasta la última partícula de polvo que pudiera esconderse
en los más inaccesibles rincones de nuestra jodida pocilga
y para lo cual debías agacharte lo más posible y siempre empinando el culo al máximo
de tal manera que yo no tuviera más remedio que
obtener una panorámica inmejorable de tu suculenta raja vista por detrás
con su hendidura longitudinal tragándose el hilo de la tanga
y sus carnosos y enrojecidos rebordes esponjosos dilatándose
como anémonas embravecidas en el mar de la pasión

me cruzabas por delante de camino a la cocina
arriba de unos tacones de 20 cms
y luego a los dos minutos de regreso al living
y hacías como que te atraía alguna jugada del partido
para detenerte obstruyendo mi línea de visión
facilitando con ello que yo pudiera tener a diez centímetros de mi jeta
y vista desde abajo
la zona de tu entrepierna en todo su esplendor
aquella delgada tira de satén blanco sobrepuesta a tu rebanada
de donde escapaban unos pocos pelos teñidos de rubio
y un olor a profundo anhelo fornicatorio
que ni siquiera la embriaguez me impedía percibir

al final me tuve que terminar convenciendo
de la inutilidad de seguir aferrado a mi plan original:
"si no le meto una buena culeada a esta hija de la chingada
-calculé con mi estoicismo natural y dándole una calada al marlboro-
y le quito lo bramuda que anda
ella va a seguir zumbando a mi alrededor como un puto moscardón enloquecido de sexo
y yo dificilmente podré contemplar el partido con la concentración necesaria
para absorber la esencia futbolística de las jugadas desarrolladas sobre la cancha
y con ello avanzar en mi perfeccionamiento espiritual"

de modo que en una de esas
por ahí del minuto 15 de la segunda mitad del juego
te cogí del brazo y te atraje hacia el sillón
y llevé la mano a tu culo y aparté un poco la tira que corría a lo largo de tu mojada abertura
perdiendo ya desde ese momento todo contacto con la realidad circundante
y ajeno al hecho de que en turín, a 12 mil kilómetros de distancia
de aquel puto sillón donde te estaba dando un buen repaso
se empezaba a gestar una de las mayores obras de arte futboleras de toda la historia
culminada en el minuto 18 por el golazo de chilena del puto cristiano ronaldo
que yo no vi porque justo en ese instante estaba contemplando
las estrellitas al otro lado de la galaxia

y así fue cómo me perdí el puto gol de la década y se me jodió la tarde futbolera
se me evaporó el pedo que había agarrado y quedé vaciado de los huevos
me entró sueño, me dormí y ya ni siquiera terminé de ver el juego

dos meses después te largaste dejando olvidadas estas jodidas bragas
que me encontré hace poco encajonadas allí en el clóset

como el náufrago encuentra a veces en la playa un resto inservible de algún barco hundido




.
 
hallé unas bragas tuyas
hechas bola tiradas en el piso
detrás de la caja en el clóset donde arrumbo
las libretas en las que escribo mis
geniales poemas

de satén blanco, tipo tanga
con encaje de brillitos y en la parte levemente
abombada del monte de venus
un puto corazón trazado con lentejuelas rojas
de las que se habían caído más de la mitad

las recogí y me las llevé a la cara
para sentir la suavidad del satén en mi mejilla
y olfatear la zona debajo de las lentejuelas
por si acaso restase en ella una molécula sobreviviente
de los ácidos efluvios de otros tiempos
que me sirviese como estímulo desencadenante
para revivir siquiera fuese en mi mente
alguna grandiosa cogida de antaño

y por cierto que encajar mi nariz en ellas
me llevó de regreso a esa no muy lejana tarde
un martes 3 de abril de 2018
cuando, pertrechado de cerveza y cigarrillos
me había tirado en el puto sillón en calzoncillos
a sobarme los huevos y
mirar el partido definitorio de la fase de cuartos de la champions league
entre el real madrid y la juventus
en mi pantallota de plasma de 95 pulgadas cuadradas
sin importarme una mierda que precisamente ese día
-precisamente uno de los días en que, aparte del futbol
a mí me chupaba un huevo cualquier otra cosa que pudiese ocurrir
ya fuese dentro o fuera de la puta vía láctea-
tú hubieras empezado a ovular y por lo tanto
-dado que se suponía que embarazarte y tener un hijo parecía ser la única forma
que nos quedaba para impedir que nuestra relación se fuese a la mierda-
te habías arreglado toda sensual con las bragas más calientavergas de tu ajuar
y una mini de mezclilla entallada que apenas te tapaba el culo

y andabas revoloteando por ahí con una puta escoba en la mano
haciendo como que te movía un gran interés en extraer
hasta la última partícula de polvo que pudiera esconderse
en los más inaccesibles rincones de nuestra jodida pocilga
y para lo cual debías agacharte lo más posible y siempre empinando el culo al máximo
de tal manera que yo no tuviera más remedio que
obtener una panorámica inmejorable de tu suculenta raja vista por detrás
con su hendidura longitudinal tragándose el hilo de la tanga
y sus carnosos y enrojecidos rebordes esponjosos dilatándose
como anémonas embravecidas en el mar de la pasión

me cruzabas por delante de camino a la cocina
arriba de unos tacones de 20 cms
y luego a los dos minutos de regreso al living
y hacías como que te atraía alguna jugada del partido
para detenerte obstruyendo mi línea de visión
facilitando con ello que yo pudiera tener a diez centímetros de mi jeta
y vista desde abajo
la zona de tu entrepierna en todo su esplendor
aquella delgada tira de satén blanco sobrepuesta a tu rebanada
de donde escapaban unos pocos pelos teñidos de rubio
y un olor a profundo anhelo fornicatorio
que ni siquiera la embriaguez me impedía percibir

al final me tuve que terminar convenciendo
de la inutilidad de seguir aferrado a mi plan original:
"si no le meto una buena culeada a esta hija de la chingada
-calculé con mi estoicismo natural y dándole una calada al marlboro-
y le quito lo bramuda que anda
ella va a seguir zumbando a mi alrededor como un puto moscardón enloquecido de sexo
y yo dificilmente podré contemplar el partido con la concentración necesaria
para absorber la esencia futbolística de las jugadas desarrolladas sobre la cancha
y con ello avanzar en mi perfeccionamiento espiritual"

de modo que en una de esas
por ahí del minuto 15 de la segunda mitad del juego
te cogí del brazo y te atraje hacia el sillón
y llevé la mano a tu culo y aparté un poco la tira que corría a lo largo de tu mojada abertura
perdiendo ya desde ese momento todo contacto con la realidad circundante
y ajeno al hecho de que en turín, a 12 mil kilómetros de distancia
de aquel puto sillón donde te estaba dando un buen repaso
se empezaba a gestar una de las mayores obras de arte futboleras de toda la historia
culminada en el minuto 18 por el golazo de chilena del puto cristiano ronaldo
que yo no vi porque justo en ese instante estaba contemplando
las estrellitas al otro lado de la galaxia

y así fue cómo me perdí el puto gol de la década y se me jodió la tarde futbolera
se me evaporó el pedo que había agarrado y quedé vaciado de los huevos
me entró sueño, me dormí y ya ni siquiera terminé de ver el juego

dos meses después te largaste dejando olvidadas estas jodidas bragas
que me encontré hace poco encajonadas allí en el clóset

como el náufrago encuentra a veces en la playa un resto inservible de algún barco hundido




.


Joder tio, de verdad, esto es de puta madre.

Gracias, amigo.

Salidos
 
al final me tuve que terminar convenciendo
de la inutilidad de seguir aferrado a mi plan original:
"si no le meto una buena culeada a esta hija de la chingada
-calculé con mi estoicismo natural y dándole una calada al marlboro-
y le quito lo bramuda que anda
ella va a seguir zumbando a mi alrededor como un puto moscardón enloquecido de sexo
y yo dificilmente podré contemplar el partido con la concentración necesari
Me he reído mucho en esta parte :D
 

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