Füre
Poeta recién llegado
Las brujas
I
No has de amarme, dulce Eva, de forma sana y pura;
no has de obligar a tu alma a creer mi mentira.
Si tu cariño es santo, si nada hay en él de ira,
exótica pasión, sólo ingenua ternura
¡No deberás amarme! ¡No compartas mi mancha!
Los amores de brujas, oscuros y hechizantes,
corresponden a seres, como yo, tan errantes;
los embriagantes ojos, que evocan la avalancha
de placeres lunáticos, de noches hechas de humo
mi negro coqueteo con la eterna señora
que escribe en el papel embrujado que fumo.
Por eso, si tú no eres corrompida hechicera
que, irónica y astuta, ante el miedo no llora,
¡no me ames, pues no tienes la pasión de la fiera!
I
No has de amarme, dulce Eva, de forma sana y pura;
no has de obligar a tu alma a creer mi mentira.
Si tu cariño es santo, si nada hay en él de ira,
exótica pasión, sólo ingenua ternura
¡No deberás amarme! ¡No compartas mi mancha!
Los amores de brujas, oscuros y hechizantes,
corresponden a seres, como yo, tan errantes;
los embriagantes ojos, que evocan la avalancha
de placeres lunáticos, de noches hechas de humo
mi negro coqueteo con la eterna señora
que escribe en el papel embrujado que fumo.
Por eso, si tú no eres corrompida hechicera
que, irónica y astuta, ante el miedo no llora,
¡no me ames, pues no tienes la pasión de la fiera!