mariadelsolar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las calles dormitan en silencio
y las veredas sombrías
reflejan mansamente mi silueta.
Y en cada eco de mis pies sobre la piedra,
mi alma reposa dulcemente,
bebiendo en la trémula penumbra
el néctar que brota de las hiedras.
Y bajo las luces del alba
sin cantos, sin dueños ni rodeos,
ella entrega su tenue parpadeo
al remanso de los sueños escarlatas,
que evocando las noches de mis ansias
custodió como frágiles trofeos,
las musas inocentes de la infancia.
El tiempo ha socavado los deseos,
los pálidos anhelos
han hecho de mi almohada su guarida
y las nostalgias desertaron
en busca de nuevas sinfonías.
Mas todo renace a pesar de mi fatiga,
los soles abrazaron
las selvas, las flores, las espigas.
La vida palpita nuevamente
en un fárrago de luces y de danzas
y en las lunas finales de la vida,
una estela de plata
enciende para siempre la esperanza.
y las veredas sombrías
reflejan mansamente mi silueta.
Y en cada eco de mis pies sobre la piedra,
mi alma reposa dulcemente,
bebiendo en la trémula penumbra
el néctar que brota de las hiedras.
Y bajo las luces del alba
sin cantos, sin dueños ni rodeos,
ella entrega su tenue parpadeo
al remanso de los sueños escarlatas,
que evocando las noches de mis ansias
custodió como frágiles trofeos,
las musas inocentes de la infancia.
El tiempo ha socavado los deseos,
los pálidos anhelos
han hecho de mi almohada su guarida
y las nostalgias desertaron
en busca de nuevas sinfonías.
Mas todo renace a pesar de mi fatiga,
los soles abrazaron
las selvas, las flores, las espigas.
La vida palpita nuevamente
en un fárrago de luces y de danzas
y en las lunas finales de la vida,
una estela de plata
enciende para siempre la esperanza.
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