Elisalle
Poetisa
LAS CASAS BLANCAS
Hola compañero.
Soy la misma que te llama siempre.
La que en esta tarde de efluvios y caderas al viento,
desnuda el alma para hablarte otra vez.
Subí la montaña más alta
y desde allí pude ver todo pequeñito.
Me visualicé para saber cómo soy cuando camino las calles.
Hoy vengo con las manos llenas y armada hasta las uñas.
Los dientes bien cepillados para discutir con la palabra,
que tú no eres un juego para mí, antes, ahora ni jamás.
No pienso en pasado, tampoco estoy triste.
Traigo alegría desbordante para depositarla bajo tu nombre.
Renuncia el espacio en donde habitó la angustia.
Mira,
soy la de ayer.
La mujer que miraste, tu Barbie mapuche, decías.
Tal vez, hoy no haya Barbie y los pasos sean más lentos.
Se han enganchado las horas en mis zapatos de ayer.
Soy tu compañera,
dijiste en aquel poema que guardo a buen recaudo.
El que hiciste a mi lado en momentos de yuxtapuestos sentimientos.
Tus fusiles para mí no son tardíos ni estoy a destiempo
porque aquí me encuentro hoy
y me alumbra el mismo sol de tu centro,
del más septentrional y que supo de la ventura de conocerte.
No trepido en argucias para reencontrarte.
No me quedo en bajezas y quizá, más de alguien piense que lo hago.
Me resbala todo lo que no sea mi propio convencimiento.
Sigues siendo el hombre que más he querido
y quiero compartir contigo las cosas que juntos podamos construir.
Con remedos de tu vida y la mía, con las instancias que la conforman.
No malgastes lo que queda en busca de quien te quiera.
Conmigo no tienes que hacerlo porque sabes en donde estoy
y yo te cuento que subí a la montaña más alta
por si te veía en algún lado de nuestro empedrado.
Nuestro empedrado,
en donde las casas blancas adentran en el cielo.
Soy la misma que te llama siempre.
La que en esta tarde de efluvios y caderas al viento,
desnuda el alma para hablarte otra vez.
Subí la montaña más alta
y desde allí pude ver todo pequeñito.
Me visualicé para saber cómo soy cuando camino las calles.
Hoy vengo con las manos llenas y armada hasta las uñas.
Los dientes bien cepillados para discutir con la palabra,
que tú no eres un juego para mí, antes, ahora ni jamás.
No pienso en pasado, tampoco estoy triste.
Traigo alegría desbordante para depositarla bajo tu nombre.
Renuncia el espacio en donde habitó la angustia.
Mira,
soy la de ayer.
La mujer que miraste, tu Barbie mapuche, decías.
Tal vez, hoy no haya Barbie y los pasos sean más lentos.
Se han enganchado las horas en mis zapatos de ayer.
Soy tu compañera,
dijiste en aquel poema que guardo a buen recaudo.
El que hiciste a mi lado en momentos de yuxtapuestos sentimientos.
Tus fusiles para mí no son tardíos ni estoy a destiempo
porque aquí me encuentro hoy
y me alumbra el mismo sol de tu centro,
del más septentrional y que supo de la ventura de conocerte.
No trepido en argucias para reencontrarte.
No me quedo en bajezas y quizá, más de alguien piense que lo hago.
Me resbala todo lo que no sea mi propio convencimiento.
Sigues siendo el hombre que más he querido
y quiero compartir contigo las cosas que juntos podamos construir.
Con remedos de tu vida y la mía, con las instancias que la conforman.
No malgastes lo que queda en busca de quien te quiera.
Conmigo no tienes que hacerlo porque sabes en donde estoy
y yo te cuento que subí a la montaña más alta
por si te veía en algún lado de nuestro empedrado.
Nuestro empedrado,
en donde las casas blancas adentran en el cielo.
Margarita
25/03/2014
Todos los derechos Reservados
Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio
©
Inscripción: 204.688
Última edición: