La salud ya no asoma entre mis lujos
y se ve algo más cerca el horizonte,
hoy que por fin la vida, sin tapujos,
me canta las cuarenta y diez de monte*.
Abrocho bien mi abrigo si hace viento
y miro hacia las obras de reojo,
alguien me cedería ya su asiento
en el vagón del tren que nunca cojo.
Se me esconden las ganas de las ganas
y, si hoy he de encender cincuenta velas,
es que me tapa el sol más de una nube.
Cien arrugas, papada y estas canas
me dicen que ya pueden ser abuelas
las madres de los hijos que no tuve.
*En el juego del tute, a la última baza, llamada "diez de últimas", en algunos lugares, también se la conoce como "diez de monte".
y se ve algo más cerca el horizonte,
hoy que por fin la vida, sin tapujos,
me canta las cuarenta y diez de monte*.
Abrocho bien mi abrigo si hace viento
y miro hacia las obras de reojo,
alguien me cedería ya su asiento
en el vagón del tren que nunca cojo.
Se me esconden las ganas de las ganas
y, si hoy he de encender cincuenta velas,
es que me tapa el sol más de una nube.
Cien arrugas, papada y estas canas
me dicen que ya pueden ser abuelas
las madres de los hijos que no tuve.
*En el juego del tute, a la última baza, llamada "diez de últimas", en algunos lugares, también se la conoce como "diez de monte".
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