Teo Moran
Poeta fiel al portal
En medio de la acera con su curvada presencia,
distingo a sus pasos lentos apoyado en su bastón,
veo en su mirada otoñal que se encuentra
en la dormidera de la edad y fuera de lugar.
I
Fuiste planeta en las prontas horas del día,
corriste tras el horizonte siempre hacia abajo
con solo la dificultad del azote del viento,
dejaste caballos en la luna y rizos en el fuego,
plumas nacaradas en el tapiz cristalino del río,
tomaste el oxígeno de los globos de colores
y en los hoyos abandonaste parte de tus sueños,
la niñez de ayer que ahora cela no te reconoce.
II
Veo la primera palabra que diste en venta,
como en vez de parar aumentaste el ritmo,
te volviste sombra entre las fauces de las fieras
mas no te importó desdibujarte a solas
y volverte a pintar en el lienzo del optimismo,
nunca diste tu brazo a torcer en tu fracaso
porque tampoco asumiste al salmo cálido
del mundo que se abría con todo su esplendor,
y corriste calle abajo dejando atrás las puertas
sin importarte quién vivía dentro de ellas.
III
Ayer te vi pausar tus pasos y echar la vista atrás,
contemplar las cicatrices en la piel y en el alma,
sobrevivir y renacer en los mares de trigo,
musitar por el aroma del pan recién hecho,
oler las flores que cuelgan de los balcones,
y pensé que estabas en camino al perdón,
que te perdonabas y dabas todo por bueno,
que nadie con su humanidad es perfecto,
vi a tu corazón amainar su latido enfermo
y renovar la sangre que se volvió veneno.
IV
Hoy camino lentamente con mi leve cojera,
disimulo el dolor al levantarme por las mañanas,
me paro a cada rato para ver lo que me rodea
y escuchar el trote de los caballos en la luna,
peino con los dedos del viento el fuego de sus ojos,
y busco en los profundos hoyos de la gente
trozos de un pergamino que dibujó un niño,
el vuelo enamorado de la golondrina en el cielo
mientras las puertas ayer cerradas están abiertas
y distingo a sus habitantes con sus vidas,
la melodía de sus risas y los mimbres de su sueño.
…Mañana
Mas yo solo pido ir más despacio, más despacio,
quiero llegar a ti y tomar tu curvada presencia,
caminar en medio de la acera sin prisa
con paso lento y la ayuda de un bastón,
junto al amor que me devolvió la esperanza
y me enseñó al poeta que un día dibujó
la nostalgia del alma, a los trigales pajizos
y a los sangrantes latidos de mi corazón.
¡Amada mía! Hablaré contigo de aquellos días
y que sin ti el tiempo pasado nunca fue mejor.