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Las estaciones del alma

emiled

Poeta adicto al portal
Las estaciones del alma



I-

Primero vino la primavera ¿Lo recuerdas?
¡Ay, como los recuerdos palpitan en la mente y en su fluir
dejan perfumes como fulgores que nunca cesan!

Allí la vi, entre la divina hierba recostada;
el dulce noviembre la cobijó en sus brazos
y ella yacía allí entre dormida y serena,
y los vientos mecían sus cabellos dorados.

Por encima de su temple de bronce bordado
extendían los bosques sus esbeltos ramajes
y bajos las sombras apacibles el rocío engendraba rosedales.

Pero las sombras no huyeron de mi alma exhausta;
y yo anhelaba aún los santos fulgores de la mañana.


II-

Luego se precipitó sonriente el lejano estío
y con él vinieron las promesas y falsedades;
y con él las señales de las sombras venideras.

Pero ella seguía allí, impasible, como muerta,
como entregada a un sueño interminable.
Pero su quietud era mas bien un reposo divino;
semejaba a un ángel que duerme dichoso en el regazo eterno.

Y el verano, con las lejanas dulzuras de plata
que como faros en el vasto cielo resplandecen,
visitaba con todo su esplendor su lecho de vírgen.

Yo tenía el solo consuelo del angustioso dolor
de contemplar la lejanía de tan excelsa belleza,
mientras mi espíritu en ruinas se bañaba
bajo los dorados rayos de un sol que amargaba.


III-

Luego por sobre los descampados se instaló el otoño.
¡El pálido otoño, el mismo que visita los prados
cuando éstos se entregan confiados al astro,
y los deja inmóviles, como sin vida y enfermos!

Ya mi alma estaba como los árboles resecos,
y en mis ramajes se posaban las desgracias.
¡Y ella seguía allí! Cual Venus en lo alto del Olimpo
desplegaba su altivez y su gracia sobre las hierbas.

Yo sentí como las tinieblas me rodeaban;
mientras el cielo palidecía entre brumas inciertas
mi sangre formaba en el suelo ríos de tinta y pesadillas.

A lo lejos se oían los acordes otoñales;
el ruido monótono de los campanarios
atraía el vuelo rapaz de los sedientos cuervos.


IV-

Por último vivió mi alma el frescor del invierno,
y entre las escarchas se agitaban mis entrañas.
¡Fue el invierno, el néctar del esperado ocaso
el que trajo los bosques helados y las sombras!

Y entonces golpeó mi puerta el crepúsculo,
y las ruines sombras se adueñaron de mi alma.
¡Fue el frío la morada eterna de mi desdicha!

¡Aún hoy riegan las tristes visiones mi lecho enfermo!


E.N.R.D
 
Bien logradas las estaciones del alma a su estilo amigo, lo felicito como siempre, me sorprende gratamente sus poemas, saludos

EDU
 

Las estaciones del alma


I-

Primero vino la primavera ¿Lo recuerdas?
¡Ay, como los recuerdos palpitan en la mente y en su fluir
dejan perfumes como fulgores que nunca cesan!

Allí la vi, entre la hierba divina recostada;
el dulce noviembre la cobijó en sus brazos
y ella yacía allí entre dormida y serena,
y los vientos mecían sus cabellos dorados.

Por encima de su temple de bronce bordado
extendieron los bosques sus esbeltos ramajes
y bajos las sombras apacibles el rocío engendraba rosedales.

Pero las sombras no huyeron de mi alma exhausta;
y yo anhelaba aún los santos fulgores de la mañana.


II-

Luego se precipitó sonriente el lejano estío,
y con él vinieron las promesas y falsedades;
y con él las señales de las sombras venideras.

Pero ella seguía allí, impasible, como muerta;
como entregada a un sueño interminable.
Pero su quietud era mas bien un reposo divino;
semejaba a un ángel que duerme dichoso en el regazo eterno.

Y el verano, con las lejanas dulzuras de plata
que como faros en el vasto cielo resplandecen,
visitaba con todo su esplendor tu lecho de vírgen.

Yo tenía el solo consuelo del angustioso dolor
de contemplar la lejanía de tan excelsa belleza.
Y mientras, mi espíritu en ruinas se bañaba
bajo los rayos dorados de un sol que amargaba.


III-

Luego por sobre los descampados se instaló el otoño.
¡El pálido otoño, el mismo que visita los prados
cuando éstos se entregan confiados al astro,
y los deja inmóviles; como sin vida y enfermos!

Ya mi alma estaba como los árboles resecos
y en mis débiles ramajes se posaban las desgracias.
¡Y ella seguía allí! Cual Venus en lo alto del Olimpo
Desplegaba su altivez y su gracia sobre las hierbas muertas.

Yo sentí como las tinieblas me rodeaban;
mientras el cielo palidecía entre brumas inciertas
mi sangre formaba en el suelo ríos de tinta y pesadillas.

A lo lejos se oían los acordes otoñales;
el ruido monótono de los campanarios
atraía el vuelo rapaz de los sedientos cuervos.


IV-

Por último vivió mi alma el frescor del invierno,
Y entre las frías escarchas agitáronse mis entrañas.
¡Fue el invierno, el néctar del esperado ocaso
el que trajo los bosques helados y las sombras!

Fue mi hogar como un sepulcro abandonado
donde no existieron lirios ni lluvias de verano.
¡Yo lloré en tumbas vacías, en caminos desolados
Donde no existen los fulgores del alba santísimos!

Y entonces golpeó mi puerta el crepúsculo,
y las ruines sombras se adueñaron de mi alma.
¡Fue el frío la morada eterna de mi desdicha!

¡Aún hoy riegan las tristes visiones mi lecho enfermo!


Me cautivo ese respeto que tienes por las palabras, un gusto leerte. Tienes muy buenas metaforas, sigue así!
 
esta buenisiiiiiiimo fantastico felicitacines espero que sigas adelante y que espero seguir leyendo tus lineas besos
 
El alma puede dar tantas estaciones, como matices puede tener un solo color... y siempre así, con sus miles de facetas, brilla o se oscurece cuando su profundidad así se lo permite.

Muy buen poema Emiled. Siempre es un honor poder visitarte. Saludos,
 

Las estaciones del alma


I-

Primero vino la primavera ¿Lo recuerdas?
¡Ay, como los recuerdos palpitan en la mente y en su fluir
dejan perfumes como fulgores que nunca cesan!

Allí la vi, entre la hierba divina recostada;
el dulce noviembre la cobijó en sus brazos
y ella yacía allí entre dormida y serena,
y los vientos mecían sus cabellos dorados.

Por encima de su temple de bronce bordado
extendieron los bosques sus esbeltos ramajes
y bajos las sombras apacibles el rocío engendraba rosedales.

Pero las sombras no huyeron de mi alma exhausta;
y yo anhelaba aún los santos fulgores de la mañana.


II-

Luego se precipitó sonriente el lejano estío,
y con él vinieron las promesas y falsedades;
y con él las señales de las sombras venideras.

Pero ella seguía allí, impasible, como muerta;
como entregada a un sueño interminable.
Pero su quietud era mas bien un reposo divino;
semejaba a un ángel que duerme dichoso en el regazo eterno.

Y el verano, con las lejanas dulzuras de plata
que como faros en el vasto cielo resplandecen,
visitaba con todo su esplendor tu lecho de vírgen.

Yo tenía el solo consuelo del angustioso dolor
de contemplar la lejanía de tan excelsa belleza.
Y mientras, mi espíritu en ruinas se bañaba
bajo los rayos dorados de un sol que amargaba.


III-

Luego por sobre los descampados se instaló el otoño.
¡El pálido otoño, el mismo que visita los prados
cuando éstos se entregan confiados al astro,
y los deja inmóviles; como sin vida y enfermos!

Ya mi alma estaba como los árboles resecos
y en mis débiles ramajes se posaban las desgracias.
¡Y ella seguía allí! Cual Venus en lo alto del Olimpo
Desplegaba su altivez y su gracia sobre las hierbas muertas.

Yo sentí como las tinieblas me rodeaban;
mientras el cielo palidecía entre brumas inciertas
mi sangre formaba en el suelo ríos de tinta y pesadillas.

A lo lejos se oían los acordes otoñales;
el ruido monótono de los campanarios
atraía el vuelo rapaz de los sedientos cuervos.


IV-

Por último vivió mi alma el frescor del invierno,
Y entre las frías escarchas agitáronse mis entrañas.
¡Fue el invierno, el néctar del esperado ocaso
el que trajo los bosques helados y las sombras!

Fue mi hogar como un sepulcro abandonado
donde no existieron lirios ni lluvias de verano.
¡Yo lloré en tumbas vacías, en caminos desolados
Donde no existen los fulgores del alba santísimos!

Y entonces golpeó mi puerta el crepúsculo,
y las ruines sombras se adueñaron de mi alma.
¡Fue el frío la morada eterna de mi desdicha!

¡Aún hoy riegan las tristes visiones mi lecho enfermo!


Un gran poema mi querido amigo es excelente aunque no es mi estilo el gotico reconozco un gran poema sea del estilo que sea mi enhorabuena por tu obra y un plkacer estar en tan hermosos versos un abrazo
 
Un exelente poema donde todas las estaciones se reflejan en ti o estan en ti son sufridas a tu propio estilo recoradadas q por q tu las forjates con tus palabras me agrado un poema en relato es estupendo , es tu estlo escrbir estos tipos de poema q gusta mucho , un gusto aberte leido , un abrazo mi estimado amigo poeta.versos y he imagenes y metaforas bien logradas de tu parte.

Medina
 
De Nuevo.....
Haces De Este Palido Papel , Un Espectro De Emociones.
Te Felicito, Que Mas Puedo Decir...
Que Parte Citaria De Este Poema, Si No Todo.
De Nuevo...
Un Placer Deleitarme Ante Tus Letras Y Sucumbir Ante Tus Quehaceres Del Alma.
 

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