SorGalim
Poeta que considera el portal su segunda casa
LAS FLORES DE LA NECRÓPOLIS
Siempre anhelé un poeta
que me hablara en mi lenguaje
y me hiciera sonreír
para creer cada vez más en la poesía,
Sin embargo, ese vate no eres tú,
pero tienes sentimientos
humanos,
románticos,
dulces
y llenos de verdad,
quizás tú mismo eres ese poema
que jamás escribiré.
Creí tener un poeta
entre mi corazón,
mis brazos
y mis entrañas;
pero sus poemas solo eran frutos
de sus dispersiones,
resabios
y tristezas cascareadas
por eso nunca me ha regalado
ni una pequeña metáfora.
Cuando lo inquirí
en mi mayor soledad,
tampoco fue mi semejante,
solamente se limitó
a apagar su sol y mis estrellas,
antes de alejarse por un atajo
lleno de conjunciones
y adverbios de modo...
¡Eres magno,
un ser meritorio!
ese día te pedí me escucharas
porque hacia lustros
mis ojos no se mojaban
y la lluvia
olía a flores
de la necrópolis.
Por eso requería
expresar,
desahogar,
calmar
-con alguien-
mi acústica interna.
Entonces
te confesé que el poeta
dueño de mis trotes hormonales
no deseaba hablar conmigo,
me había obstruido la comunicación;
había desconectado
para mí-
sus dedos,
sus oídos,
sus ojos
y su imaginación.
Por eso mi imagen
se desdibujaba.
Y me dijiste:
Soy un lienzo en blanco, pinta en mí
tus pensamientos, para que vuelvas
a colorearte.
Mas, no pude pincelar
las humillaciones sobrellevadas,
porque mi amor retórico
de lago,
de puente,
de mar
y de selva,
latente seguía.
Además, disfruto
cierta convicción
de la íntima lealtad.
Y aunque sólo bosquejé
mi familia,
mi empresa
y mi vida,
tú manejabas el claroscuro,
para dar vida a la obra.
Y sé que estás en lontananza
a la expectativa,
de que se me ocurra
o sienta la necesidad
de responderte
-con un poquito de cariño-
uno de tantos mensajes.
¿Sabes ?
Creo que tú eres la sinécdoque
estandarizada
a quien yo debería dar disculpas
por recurrirte,
esgrimirte,
blandirte,
y no ser capaz de atañerte
en mí.
©SorGalim
Milagros Hernández Chiliberti
Siempre anhelé un poeta
que me hablara en mi lenguaje
y me hiciera sonreír
para creer cada vez más en la poesía,
Sin embargo, ese vate no eres tú,
pero tienes sentimientos
humanos,
románticos,
dulces
y llenos de verdad,
quizás tú mismo eres ese poema
que jamás escribiré.
Creí tener un poeta
entre mi corazón,
mis brazos
y mis entrañas;
pero sus poemas solo eran frutos
de sus dispersiones,
resabios
y tristezas cascareadas
por eso nunca me ha regalado
ni una pequeña metáfora.
Cuando lo inquirí
en mi mayor soledad,
tampoco fue mi semejante,
solamente se limitó
a apagar su sol y mis estrellas,
antes de alejarse por un atajo
lleno de conjunciones
y adverbios de modo...
¡Eres magno,
un ser meritorio!
ese día te pedí me escucharas
porque hacia lustros
mis ojos no se mojaban
y la lluvia
olía a flores
de la necrópolis.
Por eso requería
expresar,
desahogar,
calmar
-con alguien-
mi acústica interna.
Entonces
te confesé que el poeta
dueño de mis trotes hormonales
no deseaba hablar conmigo,
me había obstruido la comunicación;
había desconectado
para mí-
sus dedos,
sus oídos,
sus ojos
y su imaginación.
Por eso mi imagen
se desdibujaba.
Y me dijiste:
Soy un lienzo en blanco, pinta en mí
tus pensamientos, para que vuelvas
a colorearte.
Mas, no pude pincelar
las humillaciones sobrellevadas,
porque mi amor retórico
de lago,
de puente,
de mar
y de selva,
latente seguía.
Además, disfruto
cierta convicción
de la íntima lealtad.
Y aunque sólo bosquejé
mi familia,
mi empresa
y mi vida,
tú manejabas el claroscuro,
para dar vida a la obra.
Y sé que estás en lontananza
a la expectativa,
de que se me ocurra
o sienta la necesidad
de responderte
-con un poquito de cariño-
uno de tantos mensajes.
¿Sabes ?
Creo que tú eres la sinécdoque
estandarizada
a quien yo debería dar disculpas
por recurrirte,
esgrimirte,
blandirte,
y no ser capaz de atañerte
en mí.
©SorGalim
Milagros Hernández Chiliberti