las furcias del "cama de piedra"

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
todas se llamaban maría y otra cosa
maría guadalupe, maría de los ángeles etc
y tenían aquel aspecto místico de madona sufridora y abnegada
que a uno inevitablemente le hacía pensar en su propia madre
y se vestían con los mismos vestidos de lycra entallados
con falda apenas abajo del culo y escote generoso
que estuvieron de moda allá por los 70´s
las menores de 20 estaban casi en los huesos y
las que seguían en edad sumaban progresivamente
un par de kilos por cada año de más que tuvieran
pero gordas y flacas, jóvenes y viejas
cogían todas siempre ateniéndose al mismo método:
tirarse bocarriba, levantar las piernas y fijar la vista en el techo
mascando ostentativamente un buen trozo de goma de mascar
mientras corrían, eternos y fugaces
los pinches 20 minutos que ellas consentían
en refugiarte en su cuartito para ayudarte
a no morir de calentura y congestión testicular aguda
maría remedios en el de la puerta azul a un lado del guayabo
maría enedina en el segundo a la derecha
maría angustias en su claustrofóbico cuchitril
maría distancias en el más lejano al fondo del corral
maría del olvido ya no me acuerdo en cuál
maría maría en el eco de aquellos años ya idos
donde nadie le daba tantas putas vueltas al asunto del sexo
porque echar un palo no era entonces
algo más parecido a inscribirse para cursar
un puto doctorado en física nuclear que otra cosa
coger era simplemente meterla y darle un rato y sacarla
y si tú eras un jodido pobre diablo, un labriego sin tierra o un poeta muerto de hambre
y te morías por clavarla en un suave y cálido chochito
sabías que te bastaba con juntar 50 pesos y acudir con tu humilde ofrenda
al cama de piedra, en las afueras de zacualpán nayarit
cualquier día entre semana cuando la clientela no llegaba a 5 gatos
a postrarte delante del altar de la putísima virgen de tu preferencia
invitarle un trago, decirle qué guapa estás, te queda de puta madre
ese verde chillón de tu vestido de lycra comprado en el tianguis
para diez minutos más tarde haber ya traspasado
el estrecho y oloroso umbral del santo coño elegido
que llevaba a la retracción del prepucio místico del señor
y eventualmente a una recia y copiosa descarga de
viscoso material reproductivo
¡cuántas madrugadas no regresé borracho y feliz al miserable jacalón en que vivía
-un mediocre ser aún joven pero ya bregado en el fracaso y la derrota-
cantando a gritos mientras recorría las solitarias y oscuras calles de zacualpán
y con el corazón inundado de amor por maría no sé cuántos
después de haber podido atisbar a través de su milagrosa abertura
aquella temblorosa luz al final del túnel que me reafirmaba
en mi convicción de ir avanzando por el camino correcto!
(más adelante la puta luz terminaría apagándose por completo
quedando con ello hundida para siempre en tinieblas la maldita salida del túnel
pero eso es tema para otra mierda de poema)

¿qué vas a hacer con tu vida cuando salgas de aquí?
le pregunté una noche a maría del adiós, mi culo de planta en el bed of stone por aquel entonces
"eso deberías decírmelo tú a mí, pinche villa -me dijo-,
¿no se supone que aquí el puto filósofo de la verga eres tú?"

se las sabían todas de todas, aquellas cabronas




.
 
Tal como lo cuentas bien parece que lo hayas vivido y disfrutado.

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todas se llamaban maría y otra cosa
maría guadalupe, maría de los ángeles etc
y tenían aquel aspecto místico de madona sufridora y abnegada
que a uno inevitablemente le hacía pensar en su propia madre
y se vestían con los mismos vestidos de lycra entallados
con falda apenas abajo del culo y escote generoso
que estuvieron de moda allá por los 70´s
las menores de 20 estaban casi en los huesos y
las que seguían en edad sumaban progresivamente
un par de kilos por cada año de más que tuvieran
pero gordas y flacas, jóvenes y viejas
cogían todas siempre ateniéndose al mismo método:
tirarse bocarriba, levantar las piernas y fijar la vista en el techo
mascando ostentativamente un buen trozo de goma de mascar
mientras corrían, eternos y fugaces
los pinches 20 minutos que ellas consentían
en refugiarte en su cuartito para ayudarte
a no morir de calentura y congestión testicular aguda
maría remedios en el de la puerta azul a un lado del guayabo
maría enedina en el segundo a la derecha
maría angustias en su claustrofóbico cuchitril
maría distancias en el más lejano al fondo del corral
maría del olvido ya no me acuerdo en cuál
maría maría en el eco de aquellos años ya idos
donde nadie le daba tantas putas vueltas al asunto del sexo
porque echar un palo no era entonces
algo más parecido a inscribirse para cursar
un puto doctorado en física nuclear que otra cosa
coger era simplemente meterla y darle un rato y sacarla
y si tú eras un jodido pobre diablo, un labriego sin tierra o un poeta muerto de hambre
y te morías por clavarla en un suave y cálido chochito
sabías que te bastaba con juntar 50 pesos y acudir con tu humilde ofrenda
al cama de piedra, en las afueras de zacualpán nayarit
cualquier día entre semana cuando la clientela no llegaba a 5 gatos
a postrarte delante del altar de la putísima virgen de tu preferencia
invitarle un trago, decirle qué guapa estás, te queda de puta madre
ese verde chillón de tu vestido de lycra comprado en el tianguis
para diez minutos más tarde haber ya traspasado
el estrecho y oloroso umbral del santo coño elegido
que llevaba a la retracción del prepucio místico del señor
y eventualmente a una recia y copiosa descarga de
viscoso material reproductivo
¡cuántas madrugadas no regresé borracho y feliz al miserable jacalón en que vivía
-un mediocre ser aún joven pero ya bregado en el fracaso y la derrota-
cantando a gritos mientras recorría las solitarias y oscuras calles de zacualpán
y con el corazón inundado de amor por maría no sé cuántos
después de haber podido atisbar a través de su milagrosa abertura
aquella temblorosa luz al final del túnel que me reafirmaba
en mi convicción de ir avanzando por el camino correcto!
(más adelante la puta luz terminaría apagándose por completo
quedando con ello hundida para siempre en tinieblas la maldita salida del túnel
pero eso es tema para otra mierda de poema)

¿qué vas a hacer con tu vida cuando salgas de aquí?
le pregunté una noche a maría del adiós, mi culo de planta en el bed of stone por aquel entonces
"eso deberías decírmelo tú a mí, pinche villa -me dijo-,
¿no se supone que aquí el puto filósofo de la verga eres tú?"

se las sabían todas de todas, aquellas cabronas




.

Su nombre era el de todas las putas.

saludos
 

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