Las guerras que ya se perdieron

El Poeta del Asfalto

Poeta adicto al portal
El viento las trae,
del lado de ayer o mañana.
Viene resonando el eco sordo
del chocar de hueso y acero.

De vivir tan sólo,
sabrás como son los hombres.
Varones y mujeres,
humanos.
Sangrantes y dolientes,
divinos y risueños.

Dejaron la niñez,
la obligación los llamó y fueron,
a la espalda el morral,
a continuar con los trabajos.

La frontera les dió un silbo triste,
acudieron.
Se fueron a pelear
con ellos mismos
u otros que eran ellos
inventando las razones de su odio
para ir matando a otros
que se les parecían tanto
que todos terminaron muriendo y matando.

La patria los llamó y ellos fueron.
No muchos los lloraron en la Metrópoli lejana.
Como no les escucharon antes cuando decían:
"Dame una herramienta,
no una bandera.
Dame esperanza,
no una lanza."

Quedaron detenidos allá en las tumbas sin gloria.
Alimentando involuntariamente con su sangre
la raíz del odio.

Venga.
Venga usted a verles.
Descorra la tierra por la que no vale la pena pelearse.
Véales las calaveras sonrientes.
No cambiaron tanto.
Les dieron la muerte,
simplemente,
la muerte por oficio.

Ellos no quisieron,
no querían.
Los empujaron a sangrar su existencia
hasta la frontera desolada triste.

Cargaron, tajearon,
intentaron sacarle a los otros
lo que a ellos les quitaban y no es de nadie.

Gritaron como a ellos les gritaban,
avanzaron el principio,
recibieron orden de los que siembran el dolor
de resistir como espigas.
Tal vez se vieron perdidos en la polvareda.
Tuvieron primario miedo,
corrieron en su desesperación,
y esa debilidad fue su ruina.

A los saltos entre los matorrales retrocedieron.
buscaron en vano la paz,
volver a la infancia,
a la libertad entregada.
No oyeron vivas, ni mueras.

No reparaban en lo que cantaban los clarines,
simplemente huían cuando les entró la herida
Estaban vivos aún
cuando la tierra los tapaba en una fosa común
con los otros que morían y mataban.

Acérquese,
le invito a que venga.
Despeje esa tierra,
quisiera que los viera
para que no olvide.

Acaríciele las calaveras y las manos.
Le pido que no juzgue a la distancia.
De vivir como ellos tan sólo
sabrás como son los hombres.
mujeres y varones,
humanos.
Sangrantes y dolientes,
divinos y risueños.
Dejaron la niñez,
la obligación los llamó y fueron obedientes.
A la espalda el morral,
a continuar con los trabajos
sin renunciar a su alegría
única cosa que es de nosotros.

Fueron a la batalla.
Rezando,
bajo un cielo que no los escuchara.
Sobre una tierra nunca suya.


Vine a buscarlos,
vine cantando.

Vine a su encuentro,
pero se han ido.

Vine alegre,
obsequios traía.
Me voy vacío.
Me voy llorando.
Me voy a honrarlos viviendo.
 
Ya es bastante penible ver que las guerras no cesan en todo el planeta, pero peor y más terrible es ver como arman a niños para que maten a otros niños
como los llevan al matadero, es por ello que conecto plenamente con tu poema...::barf::

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De este tema que desangra sí que sé...(Colombia lleva muchos años sumergida en un conflicto interno), dejando soldados y civiles -mutilados-, muertos y más muertos...¿qué es la guerra?...sino llanto en los rostros de aquellos que no empuñan las armas pero terminan arrojando el corazón al odio sin ventanas. Un fuerte abrazo a tu siempre inteligente poética amigo Luis.!
 

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