dragon_ecu
Moderador de Filosóficos.Miembro del Jurado.
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Miembro del JURADO DE LA MUSA
Es fácil atribuir capacidades a entes.
Es más difícil desarrollar actividades con las capacidades atribuidas a dichos entes.
Y lo más complicado es lograr ventajas (beneficios) de tales actividades atribuidas a entes.
¿Suena complicado?
Pero si al ente lo llamamos "herramienta", resulta más entendible.
Las herramientas tienen capacidades, que nos permiten realizar acciones en nuestro beneficio.
¿Quedó más claro?
Sin duda todos conocemos un cuchillo.
Sirve para pelar frutas, rebanar vegetales, cortar pan...
Pero también puede usarse para defenderse y para atacar, herir y hasta matar.
La herramienta es un objeto sin volutad ni intención. Los resultados de su uso dependen del usuario.
Hasta allí todo claro.
Pero hay quienes usan las herramientas en funciones ajenas a su diseño.
Por ejemplo usan un desarmador como picahielo.
Asoma la primera ley de las herramientas: una herramienta podrá ayudar al usuario a realizar su trabajo más fácil y rápido.
Y el primer corolario: nunca podrá hacer más inteligente a su usuario.
Seguido surge la segunda ley de las herramientas: mientras más especializada sea la herramienta, será menos útil para acciones ajenas a su diseño (como las tijeras para zurdos).
Y el segundo corolario: mientras sea más especializada, más aumenta el riesgo de mal uso y daños.
Y llega la tercera de ley de las herramientas: la especialización puede llegar al punto de que se necesite instrucciones de uso.
Y su tercer corolario: a mayor complejidad de instrucciones menos interés habrá en seguirlas.
Se notan entonces tres niveles de empleo según su complejidad: uso intuitivo, uso ejercitado, uso capacitado.
¿Adonde va dirigido este ensayo?
Pues a hacer más evidente lo evidente:
Cualquier ente puede ser una herramienta: un objeto, un animal, un ser humano.
El usuario puede ser desde un animal hasta el ser humano. (Que se han visto a monos y cuervos usar ramas y piedras como herramientas).
Las herramientas complejas no siempre vienen acompañadas de su instrucción.
Y hagamos todavía más evidentes algunos detalles:
El lenguaje es una herramienta.
Las leyes son herramientas.
Las fuerzas e instrumentos de control son herramientas.
¿Han meditado esto?
Y viene lo más trágico:
Atribuir capacidades extraordinarias a las herramientas.
Cosas como asignarles personalidad y hasta voluntad propia, ajena por completo al usuario.
Si todo puede ser una herramienta, es fácil llegar a esa conclusión.
¿Les parece un escenario sombrío?
Cada vez los investigadores eliminan capacidades exclusivas que diferenciaban al ser humano del resto de animales.
Sonreír, reconocerse en el espejo, jugar, cuidar a los heridos, llorar a los muertos...usar herramientas.
Tal vez lo único que nos diferencie de los animales, se reduzca a nuestra capacidad de reconocer que somos herramientas... y decidamos dejar de serlas.
Es más difícil desarrollar actividades con las capacidades atribuidas a dichos entes.
Y lo más complicado es lograr ventajas (beneficios) de tales actividades atribuidas a entes.
¿Suena complicado?
Pero si al ente lo llamamos "herramienta", resulta más entendible.
Las herramientas tienen capacidades, que nos permiten realizar acciones en nuestro beneficio.
¿Quedó más claro?
Sin duda todos conocemos un cuchillo.
Sirve para pelar frutas, rebanar vegetales, cortar pan...
Pero también puede usarse para defenderse y para atacar, herir y hasta matar.
La herramienta es un objeto sin volutad ni intención. Los resultados de su uso dependen del usuario.
Hasta allí todo claro.
Pero hay quienes usan las herramientas en funciones ajenas a su diseño.
Por ejemplo usan un desarmador como picahielo.
Asoma la primera ley de las herramientas: una herramienta podrá ayudar al usuario a realizar su trabajo más fácil y rápido.
Y el primer corolario: nunca podrá hacer más inteligente a su usuario.
Seguido surge la segunda ley de las herramientas: mientras más especializada sea la herramienta, será menos útil para acciones ajenas a su diseño (como las tijeras para zurdos).
Y el segundo corolario: mientras sea más especializada, más aumenta el riesgo de mal uso y daños.
Y llega la tercera de ley de las herramientas: la especialización puede llegar al punto de que se necesite instrucciones de uso.
Y su tercer corolario: a mayor complejidad de instrucciones menos interés habrá en seguirlas.
Se notan entonces tres niveles de empleo según su complejidad: uso intuitivo, uso ejercitado, uso capacitado.
¿Adonde va dirigido este ensayo?
Pues a hacer más evidente lo evidente:
Cualquier ente puede ser una herramienta: un objeto, un animal, un ser humano.
El usuario puede ser desde un animal hasta el ser humano. (Que se han visto a monos y cuervos usar ramas y piedras como herramientas).
Las herramientas complejas no siempre vienen acompañadas de su instrucción.
Y hagamos todavía más evidentes algunos detalles:
El lenguaje es una herramienta.
Las leyes son herramientas.
Las fuerzas e instrumentos de control son herramientas.
¿Han meditado esto?
Y viene lo más trágico:
Atribuir capacidades extraordinarias a las herramientas.
Cosas como asignarles personalidad y hasta voluntad propia, ajena por completo al usuario.
Si todo puede ser una herramienta, es fácil llegar a esa conclusión.
¿Les parece un escenario sombrío?
Cada vez los investigadores eliminan capacidades exclusivas que diferenciaban al ser humano del resto de animales.
Sonreír, reconocerse en el espejo, jugar, cuidar a los heridos, llorar a los muertos...usar herramientas.
Tal vez lo único que nos diferencie de los animales, se reduzca a nuestra capacidad de reconocer que somos herramientas... y decidamos dejar de serlas.
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