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    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Las locuras de Benot

Ermenegildo Tiraboschi

Poeta que considera el portal su segunda casa
Eduardo Benot, político, filólogo y escritor español del siglo XIX, sostuvo en su obra “Prosodia castellana y versificación” (1892) que una “nueva métrica” [1] se podía concebir en base a los pies rítmicos, pudiendo una muy diversa polimetría considerarse como enteramente válida.

Se ha observado que existen precedentes de esa búsqueda de armonía auditiva hasta en cántigas medievales [1] y, si bien el concepto no era enteramente nuevo, lo de Benot no dejó de ser algo muy interesante para quienes ven al ritmo en un poema como algo primordial. ¿Pero, cómo llevar a cabo la propuesta en todo un poema? Benot aseveraba que se podía hacer en forma pura (es decir, enganchando un verso con el siguiente en forma continua con el mismo pie), o en forma “mestiza” (sin mantener el pie para enganchar versos contiguos). Vamos con un ejemplo donde el pie o sillar es, simplemente, un anfíbraco (o-Ó-o):

Creen el valor de las llamas
que banas medas prenden.
Y aprende que el arte de camas
no enciende lo que otros le encienden.

¿Por qué se suele decir que la acentuación 2-5-8 es la más natural en el eneasílabo? Pues precisamente porque lo que resulta es un continuo de anfíbracos, incluso conectando todos los versos. El concepto entonces se puede ampliar con polimetría, como lo ejemplifica la segunda estrofa:

“Un juego en vocablos”, dirás, “que me voy por las ramas”,
que “versos falaces pretenden
contar una historia sin brillos ni famas”.
Y tienes razón, si a narrar mis tercetos no aprenden:

Nótese que con polimetría aún se mantuvo ese hilo de anfíbracos. Ahora vayamos a los tercetos polimétricos y con ánimo de “mestizar” el poema [1]:

¡jaro ciego, plumaje en un cielo
que nunca debió arrebolarse
con mido vuelo!

Estrelló su suicidio en el suelo,
pudiendo colgarse
del tul de la Muerte, sin pena ni duelo.

Ahora vemos que uno de ellos arranca con la primer sílaba como tónica (dáctilo, Ó-o-o), y el otro con la tercera (anapesto, o-o-Ó). Sin embargo, el cambio hacia anfíbracos en el segundo verso en cada caso creo que aparece como natural al recitarlo, pues no corta la cadena de dejar dos sílabas débiles flanqueadas por dos fuertes. Hemos, en efecto, agregado dos estrofas que interrumpen la cadena al cambiar de estrofa, pero que no lo hacen así internamente.

Nada impide, por supuesto, usar las mismas ideas para la concatenación con pies de otras longitudes. Por ejemplo, aquí va uno en yambos (o-Ó) y troqueos (Ó-o), con lo que parecen ser “hermanitos menores” del llamado endecasílabo heroico puro (2-4-6-8-10):

¡Load el sable noble y puro,
lucha, sangre, apuro
de alma brava en llamas!

En definitiva, si nos permitimos libremente ubicar la primer sílaba tónica del primer verso donde querramos, pero luego seguir a ultranza una secuencia, se logran efectos muy rítmicos a pesar de cualquier polimetría y diversidad de pies. Lo que cuenta es el largo de los mismos. Faltó un ejemplo con pies de cuatro sílabas (el alargado y cadencioso compañero), pero creo que la idea queda clara.

El desafío:

A) Usar la rima del verso de cierre de la última entrega en el hilo.
B) Elegir un largo de pie para todo poema. Se puede "mestizar", como se muestra en el primer ejemplo.
C) Escribir un mínimo de cuatro versos y un máximo de veinte. Si la entrega es de cuatro versos solamente, no usar versos menores de seis sílabas.
D) Finalmente, algo muy importante: Valen los versos blancos. Lo dijo Benot.:)

* Opinión: creo que esto puede llegar a producir resultados muy vistosos con versos cortos, como para refranes y cantos, dada su inherente musicalidad. Con versos largos, es posible que resulten monótonos.

Dejo entonces el ejemplo de la de pies de tres sílabas como “puntapié inicial”. El tipo de pie que siga queda enteramente al criterio de quien desee continuar:

Creyó en el valor de las llamas
que sábanas húmedas prenden.
Y aprende que el arte de camas
no enciende lo que otros le encienden.

“Un juego en vocablos”, dirás, “que me voy por las ramas”,
que “versos falaces pretenden
contar una historia sin brillos ni famas”.
Y tienes razón, si a narrar mis tercetos no aprenden:

¡Pájaro ciego, plumaje en un cielo
que nunca debió arrebolarse
con tímido vuelo!

Estrelló su suicidio en el suelo,
pudiendo colgarse
del tul de la Muerte, sin pena ni duelo.

[1] Paraíso, Isabel, “Eduardo Benot: una métrica enteramente nueva”, Rythmica 7, 95-116 (2009).
 
Última edición:
Me encuentro sumida, con duelo,
buscando canciones alegres
que vengan de ti. Una romanza,
que invite a bailar en las puntas,
que rompa el estado de loza de mármol,
que logre elevarme volando sin rumbo
y ya en movimiento y fluyendo me arrastre a tus ojos.
Tus ojos de espejo brillante,
que cuenta de aires y cielos azules,
de rumbos de piedras,
caminos oblicuos,
por donde escaparnos, del tiempo.


 
Última edición:
Un hilo de sal en el viento divisan que es tétrico tempo.
Se acerca a un lanchón, ya sin fuerzas,
y el músculo pierde sus fibras y credos.
Se torna en tormentas que lápidas son,
de vidas que pronto serán seis historias
de pez, de dolor y de viudas,
de niños sin padres, del pan que ha partido,
de estómagos huérfanos.

Arrecia el tifón y lacera hasta el alma,
con fauces de trueno y puñales eléctricos.
Y al rato descansan, en sueño profundo,
en el arrecife testigo de hazañas
que espera a seis hijos con resignación.

Este en anfíbracos, salió enteramente en versos blancos.
 
Última edición:
Lo sé. Pero creo que he comentado por ahí que rimar con "tiempo" es casi criminal. "Lempo", "tempo" y "contratiempo" (que para colmo, es compuesta y derivada de "tiempo") es con lo único que se cuenta, si mal no recuerdo. Ahora lo arreglo con alguna inusual pirueta, pero intentemos querernos más todos, dejándonos rimas amigables.
Gran saludo cordial.
Estimado Ermenegildo, parece que no cumples las reglas que tú mismo estableciste para este reto:

A) Usar la rima del verso de cierre de la última entrega en el hilo.

Esperaré a ver que decides.

Saludos.
 
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Artista alfarero.

La tristeza me halla sin resignación.
Me encuentro encerrada en temores
que causan mi lloro.
Tu ausencia me llena de espanto.
Espanto que el frío lacera y corrompe.
Me lleva por sendas amargas
que rompen a mi ánimo frágil,
quebrando en añicos mi espíritu débil.


No encuentra la dulce argamasa
con que tu hábil mano me integra,
artista alfarero,
en tu torno,
que suave moldea la anchura del ánimo
con vueltas y vueltas de risa
y el llanto sin fin se evapora
colmando mi ser de alegría
y vuelve el deseo a llenarme
de vida y de sol luminoso,
enjambres y flores.

 
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¡Vendo canto, vendo flores!
Poco pido al mundo ingrato
menos, lloro su maltrato.
Riego risas sin temores
ni pecados, ni dolores.
Nada increpa a un pecho noble,
nunca acuso algún mandoble
del azar, bufón eterno.
Soy de todas novio y yerno
si prefieren vida doble.

Muy alocado (y tal vez curiosamante monótono por eso) el ritmo puramente yámbico, ¿no?
 
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Espejos de mi soledad.

Te fuiste no habiendo un redoble,
ni un canto o alguna oración,
ni un beso o caricia, ni un guiño.
Ausencia, vacío de cantos, murmullos, tu voz.
Mas vibran, resuenan los ecos, espejos en mi soledad.
En prisma de voces tus versos
dispersan colores tan llenos de amores de cálido son
que basta leerte y te tengo,
te tengo conmigo,
conmigo nomás.
 
Recordaba mis noches de joven, volándote a ras
de la piel, sin los miedos del fuego.
La carne quemándose ciega,
sin más que una tea de abrigo,
digno de fábulas griegas, pasiones Olímpicas eran.
Espero ese toque en la fibra incorrecta,
el loco mohín que era yesca en tus muslos.
Tal vez añoremos lo mismo los dos.

Es una serie ininterrumpida de anapestos, obviamente en versos blancos.
 
Ahora soy una, cuando éramos dos,
jugando a la danza, la danza de amor
y ahora estoy coja sin ese tambor
que marca ese ritmo en mi corazón.
Ahora camino sin ritmo ni son,
parezco una clueca buscando canción,
canción de tus ojos, canción de tu voz,
y solo me arrullo soñando con vos
y esto es monorimo sin mucho glamuor.


 
Última edición:
Parió un dolor del sur
mi madre, un vientre o un sol
que dio un bebé al revés.
De nalga, apura un niño, sin control.

Y cinco kilos son,
que insisten sin parar.
Y es corte y es doctor
el don veloz que salva a dos y a hogar.

Son dos endechas reales, en ritmo yámbico. Se lee como un telegrama.:p
 
Insondables.

Ahora no puedo cantar
los versos se esconden traviesos, no hay son.
Me miran con ojos sin luz
y yo que he de hacer si te quiero decir mi dolor.
Se embrolla la voz en la boca,
son solo burbujas, se rompen al viento.
Mi son ya no es son sin tu aliento, tu bella canción.
Se llena mi boca de arena
pues nada resuena en la muda.
Silencio se atasca en mis dientes
no legro el pesar con mi canto.
Son rocas que guardo amarillas
rocas de pesar, insondables.

 
Ciudad

Soy otro páramo y piel insondable
en el cemento en que vidas humanas
es un oxímoron solo, en un pozo.
Es catatónico el sol en columpios,
pájaros, niños, mascotas y flores.
Parques como hoyos del verde final,
apuñalados por torres de espejos,
son sometidos a un diario ritual
sin armisticios ni tiros de gracia.
Poco destila el asfalto engrasado
con el aceite y el caucho de un siglo
desde esta lluvia dispuesta a brindarle
gotas de ayuda y las lágrimas mías.
Más me esfumino, segundo a segundo,
más de engranaje me crece en sus calles,
más de teflón.
 
Tu canto.

Extraño tu boca que dice y que toca a mi corazón.
Que canta canciones de amor que me alegran
y dan a mi vida su ritmo rampante,
que cuando despiertan mi son yo madrugo
y pintan mi día de albores que alumbran.
De noche me encumbran al cielo estrellado
y vuelven de nuevo anunciando al sol.
Es ciclo del día que va rueda y rueda
y yo voy bailando tu danza,
tu canto, mi amor.
 
Última edición:
Hay un color,
cénit de espanto en la niebla,
es una tromba amarilla.
A la barcaza olfatea en su paso de muerte.
Pienso en el niño que fui y sus bautismos de fuego,
en Poseidón, que miraba intrigado locuras imberbes.
Supe montar en su trueno el discurso del viento,
el de mis jóvenes llagas, tatuadas con sal.
Hoy he partido como un kamikaze de espumas
a suicidarme o nacerte otra vez.
Quiero enterrarle mi quilla a un recuerdo infinito.
Ver si resiste, tal vez.
Mientras repaso tus labios olímpicos
quiero una tumba, o pretendo tu carne.
Solo, navego a matar o morir.
 
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Espanto.

Giro en tus palabras de rojo latir,
bailo tu canción que es un canto que enerva,
róndame calores me envuelven amores,
zumbidos de abeja en arrullo constante,
el vientre me tiembla fluyendo mi verso
me olvido de mí y de ti y solo somos
girando en embrollos sin tiempo ni día
sin norte ni sur sin un antes ni un siempre
y quedo en suspenso de grito estridente
y lloro con llanto de siglos sonoros
que aúllan las voces de seres envueltos
en ciclos de vida y de muerte y de espanto.
 
Abunda el seco llanto
cercando pechos rotos.
Las flores negras crecen de ojos muertos
y sangres hiel y zarzas son.
La horas traen más difuntos
al circo absurdo
de un mundo ciego.
La vida misma esconde huesos
entre algo rojo,
y en tanto el alma escupe al niño
de cada entraña
sin más motivo
que ser piadosa.

Nota: Otro alocado, con ritmo yámbico puro. ¡Cuánto más natural resulta este ritmo (Shakespeare lo dominaba a la perfección) en inglés! ¿no?: “In gold we trust, so f*%$k the poor.” Por ejemplo. Aunque no lo dijo William.;)
 
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Lluvias de azahares.

Aún tengo la vida mirándola hermosa,
que importa si pierdo tus ojos, tu voz.
La vida se nutre de mil sensaciones,
me llena el asombro, sus múltiples lluvias
de azahares que tiemblan, que brotan o mueren.
El cambio me aturde, me deja arrobada,
hay que descifrarlo del día a la noche
escribir sus signos con letras de encanto
y encontrarte en ellos rondando mis sueños,
vórtice en que caigo
borracha y feliz.

 
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La vida en anfíbracos

Confieso que soy aprendiz
de todo lo bueno del mundo y la muerte.
Tal vez en lo gris de los días resecos
es donde se aprende a pensar que el misterio
de tanta existencia colapsa en un punto.
Viví soledades que dicen verdades
y amé compañías sin más que mentiras.
Sustancia encontré entre las cosas pequeñas
y huecos sufrí en la riqueza volátil.
Así se me van las alhajas que vivo.
Las buenas, las libres de forma.
Y, mientras, cuestiono ¿por qué esta ceguera?
 
Más fuerte que el mirar.

Pues acabo escribiendo aunque no quiera
ya no quiero hostigarte todo el día
hablando de mi amor, mi desconsuelo.
¿Sabes? nunca te he visto,
pero sé que tus ojos son profundos
de mirada serena y elocuente
y que a veces sonríen,
igual que tú sonríes en tus versos,
y a veces centellean si te enojas,
si afirmo que me has dicho una mentira.
Mas a veces me miras con pasión,
cuando llenas a mi alma de ternura
y la duda se va.
El deseo es más fuerte que el mirar,
mejor solo sentir.
 
El beso yámbico

Si tú me ves morir,
recuerda cuándo y dónde un beso
me fue negado.
Dirán de muerte, besos hay.
La falta de uno tuyo a mí me estrella
en muros fríos
de amores rotos.
Por eso, niega ser culpable.
Te quiero igual, así de ausente.
Aún muriendo.
Sin esos labios
que tanto sueño
.​
 
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Brillos de nácar.

Me engancho en el sueño.
Me enredo en palabras, las canto y me alegro
y juego tus voces que antaño cantaste
con voz de alegría.
Y quiero volverme en la nave del tiempo,
nadar en tus olas que barren la arena
idas y venidas calores azules
de conchas y perlas con brillos de nácar.
Qué lindo es el sueño que nada me niega.
Me da tus amores en copas cual vino
y yo me emborracho y no te desdigo.
Lo bebo en tu boca que dicta tus versos
tus versos que tienen aroma amarillo
de flor de vainilla que enerva sentidos.
Me quedo rendida
a flor de tu boca.

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Es misterio profundo tu boca.
Son las aguas de un río indecible.
Los pecados que añoro y que temo,
las razones de tantos desvelos,
horizontes rojizos de fuego.
No se quieren tus labios por labios;
se desean los mágicos juegos
de los ritmos que bailan en mí.
Yo ya sé lo que pierdo al perderte,
me doy cuenta al besarte en tu adiós.
Es un beso de muerte en el alma,
un recuerdo de flores y tumbas
que nos ronda en las noches de invier
no.
 
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Amapolas de luz enervante.

Blanco con negro es un gris,
mas son mis ansias colores.
Tus amarillos, azules y rojos.
Rojos de amor en tus manos de suave caricia.
Versos
azules en tardes muriendo amarillas.
Canto magenta que rompe la noche.
Rojas las bocas en triángulos negros.
Brillo de
estrellas con ritmo de espasmos.
Grito nocturno de rayo qué estalle
amapolas de luz enervante.
Vértices
verdes de aristas azules.
Ojos dormidos de sueños en prismas
rompiendo en giro al deseo
cromático.
Sudor azul con sus vértigos blancos.
Rosa en oblicuas volutas fumantes.



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Existen dolores punzantes.
No quiero decir que los sufro
y menos, que vivo con ellos.
Dolor de no hacer lo indecible,
la pena del vino que a solas consumes,
el peso del canto que nunca regresa,
la muerte en la lengua que fuera
un bálsamo virgen e impúber,
amigos que el celo corriera
a fondos más solos que tumbas.
La lista podría acabar
si cae mi pluma en mandobles de Parca.
Por eso prefiero escapar
a un mundo que, ingenuo, es sincero.
 
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Risa loca.

Siempre digo te quiero,
es una pegatina y la pongo ahí en tu boca.
Te ofuscas y la quitas.
Me río, te provoco y te despiertas.
El día empieza entrando con su luz,
con su ruido, su tum, y con su viento.
y ríes y me alegras
y cantas tu canción.
Es el cuadro que quiero pintar, de tu voz, de tu aliento.
Los colores están en mi cerebro.
y se mueven confusos, cual pinceles.
¡Que fácil es pintar de imaginario!.
Tu sonrisa es azul, tu boca roja,
y amarillo es tu canto que me envuelve.
y es el verde ese vuelo de mi sueño
que sube en escalones amarillos
llenándose de flores sempiternas
de miradas oblicuas y violetas.
El color bebo en copa como vino
y me causa alegría y risa loca.

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La lluvia en relámpagos, loca,
nos suelta sus fieras y gris en bufidos,
en calles que engrasa un motor que el primate desboca.
Hay ríos de barro y aceite entre huesos molidos,
y hay lágrimas secas de madre en la acera,
limosnas y niños de labios partidos,
marrones los dientes, sin calcio ni pan a la espera.
El agua revuelve un paisaje y lo quiere romper,
hay cuencas que añoran los ojos de ayer,
y hay presas y lobos, diamantes y heridos,
el rostro invisible del pobre en cementos letales y erguidos.
Hay noches que imploran por luz o por muerte,
no limbos eternos que el Sol no ilumina.
Las ánimas tiernas perdieron su suerte
en tanta sentina.

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Sonora sonatina.

Sonora sonatina
te quisiera cantar.
Sonatina que vuele, que te llene la voz,
que te alegre y te tiente de una oscura pasión.
Y que envuelto en deseos
deseos tormentosos,
te arrastren a buscar y a encontrar una boca,
una boca risueña que ilumine tu día
que te ilumine el mundo
que le encuentre sentido
a tu andar vagabundo.
Que pinte de azahares
el horizonte oscuro
y que te vierta al alma
sus flujos de ternura
y te florezca el día
con flores carmesí.

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Silencio los perros lascivos del odio,
colmillos filosos resisten mi asedio.
Hay mucha vivencia que espera, sin ruta o remedio,
me enciende la incógnita.
En eso, regresas rompiendo bitácoras.
Pensábame libre de culpas de amores,
muy pronto a partir a comarcas ignotas.
Y dices que, solo, soy plumas mojadas y rotas,
de vuelo fugaz y que presto a estrellarse se empeña.
Tal vez pretenciosa no ves que mis alas
se estiran encima, con luz de bengalas,
de pérfidas sombras que lanzas, pequeña.
 
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Voz de campana.

Empieza pequeña
mi angustia por verte y saberte,
y bebo tus voces, rocío de amor.
Y crece y se expande y me llena de gozo
y ya es otro el mundo que no cabe en mí.
Estás siempre adentro, y también afuera
y te hallo en la noche de puro sentir.
Camino de hormigas que buscan mi vientre,
palabras en fila de ritmo oscilante, cantar de pasión.
Me muerdes la boca que busca tu beso y encuentra tu ser.
Tu ser me interroga con otro lenguaje.
Lenguaje que bebo, y tu lengua me bebe,
y es ritmo y es canto y es grito que aturde y eleva sin fin.
La música sorda en el tímpano llora y nace otro sol
con voz de campana que toca tu son.

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