Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
-Ellos llegaron.
Ellos...
Sobre la planicie de los miserables una luz descendió del cielo. Siempre es el mismo tema: <una luz que desciende del cielo>, parece que no tenemos otra forma de inventarnos cuentos.
El café vaporiza el ambiente en torno a los contertulios. Le pone aroma al escenario. Frente a ellos la plaza principal con sus sabinos antiguos refrescando el cuerpo de la sombra. Gente por aquí y por allá. ¿A Dónde van?... solo ellos lo saben, la gente es como hormiga hace tantas cosas que uno no se las imagina.
El de la voz es un tipo con rostro de roedor, muy blanco y sus encías con los dientes hacen una curva breve al frente y muy alargada hacia los lados: es de alguno de esos países que componían el Imperio Austro húngaro. Ambos son periodistas, están aquí porque ha sucedido algo muy extraño en la zona y vienen a investigar cuanto puedan para reportar a sus medios. El otro individuo también es periodista, y también es un espía, es parte de esa dualidad común en su país. Escribe para un periódico norteamericano y está aquí por el mismo motivo: algo extraño está sucediendo en esta zona que ha despertado el interés de sus editores; en el caso del norteamericano, de su gobierno.
-Pues sí, el cielo es el único sitio que falta de volver algo cotidiano, nuestro.
- Y les faltará, lo que no les falta es la malsana intención de conquistarlo.
-Jajajaja (ambos ríen)
Se conocen desde hace tiempo, y aunque se repudian mutuamente, cada vez que coinciden en algún evento importante se reúnen y cambian impresiones. Es común encontrar en los artículos del uno los comentarios del otro, como si se entrevistaran como expertos mutuamente sin darse una a otro el crédito de la opinión. Es un acuerdo tácito que aceptan y respetan, no se inhiben en ello, se obsequian al otro para enriquecer la percepción de las cosas. Les conviene porque han notado que uno lleva al otro, o quizás le inspira hacia determinadas ideas.
El café es repuesto por el mesero, la charla sigue, cambia de tema a menudo, versa sobre otras épocas, sobre cuestiones personales, es -digamos- solo un pretexto para matar el tiempo que falta para emprender la marcha hacia <ese lugar> donde se han empezado a dar las cosas. Aparece el silencio cuando alguna mujer hermosa, con cuerpo de tentación, cruza frente a sus miradas, la siguen, se la beben en silencio.
Después de un rato la espera termina. Se les une un hombre moreno, con rasgos indígenas, de baja estatura.
-Yo solo me comprometo a llevarlos hasta donde empieza el camino a la sierra, de ahí para adelante ustedes siguen solos. Antes tienen que pasar a la comisaría para que firmen un documento en donde conste que están enterados de que van a ese sitio advertidos de lo que ahí sucede, de que nadie ha podido ingresar a esa zona desde que se vieron todas esas luces bajar del cielo al lugar.
Los dos hombres asienten con la cabeza y siguen al individuo por las calles que conducen a la comisaría. Cuando salen de ahí abordan una camioneta destartalada, propiedad del sujeto, con la que los transportará al sitio acordado.
+++
Todo empezó años atrás. La gente que visitaba por cuestiones de comercio ese lugar de la sierra empezó a notar que por esos sitios solo vivían personas adultas y ancianos, no había jóvenes ni niños. La actitud de la gente era muy extraña, eran exageradamente reservados y recelosos con los de fuera. Hablaban entre ellos en su dialecto y cuando el visitante entendía su lengua, callaban. No respondían a sus preguntas, sobre todo las que se relacionaban con sus hijos. Nada pasó entonces, aunque las autoridades mandaban a sus delegados municipales para ver qué estaba pasando con los menores de edad. La burocracia gubernamental pronto se habituó a esa situación y dejó de poner atención en ellos. Solo se sabía que por esos poblados de la serranía vivía gente adulta, que no habían personas menores de edad.
En fechas recientes la zona se cerró por completo a todos los visitantes. Los comerciantes pusieron el grito en el cielo porque estaban perdiendo mercado para sus productos: refrescos, cervezas. Alimentos chatarra o de baja calidad que no se vendían en las ciudades y que colocaban en esa zona a precios exorbitantes pese a la pobreza extrema en que vivía esa gente. Las autoridades acudieron al llamado de esos intereses y fue entonces que sucedió lo que ahora era traía de cabeza al gobierno local, y tras él, a otros núcleos del poder siempre atentos a cualquier detalle que pudiera salirse del control con que siempre han controlado a las personas.
Luces... muchas luces. Era todo lo que se podía apreciar a lo lejos. Luces entre las montañas, luces que subían y bajaban, como esas luces que se ven en las noches por las autopistas. Todas ellas del tono de las flamas del acetileno. También la gente quiso saber qué estaba sucediendo en esa zona y trataron de visitar esos poblados durante los fines de semana. Se encontraron con caminos cerrados con enormes rocas y enormes montañas de tierra, como si los hubiera provocado un deslave. Optaron por observar a las comunidades desde lejos, hasta donde les era posible llegar con sus vehículos. Luces, muchas luces. Parecía como si de pronto, en esas comunidades paupérrimas, se hubieran trazado grandes avenidas, como si la modernidad hasta entonces, privilegio de las grandes ciudades, se hubiera aposentado en todos esos pueblos olvidados. Las autoridades, antes negadas para ofrecer cualquier obra que mejorara las condiciones de vida de esos lugares, envió equipo mecanizado para quitar los "derrumbes" y permitir el paso a sus inspectores para saber por qué habían tantas luces por toda la sierra durante la noche.
Lo que sucedió entonces fue sorprendente: apenas empezaban los trascabos y las palas a remover las montañas de tierra cuando se sintieron pequeños temblores. Los cerros colindantes se desgajaron y se escuchó una serie de truenos que procedían desde el interior de la tierra. Cuando todo aquello terminó había unas profundas barrancas que separaban a la sierra de todo el territorio que la rodeaba.
Los operarios, llenos de miedo, salieron corriendo del lugar y dejaron ahí toda la maquinaria. Lo sucedido acaparó la atención de los medios informativos de todo el país, la noticia en unos cuantos segundos se expandió por todo el mundo. En todos los idiomas, los informadores daban a conocer a los habitantes del mundo que en X país, por medios extraños, una zona montañosa se había aislado del resto del territorio. La información era incompleta, pero fue suficiente para que la mirada del mundo se posara en esa zona.
+++
Las autoridades locales descubrieron que las empresas que surtían de energía eléctrica a esa zona reportaban cero consumo. Una somera inspección, pues ningún empleado aceptaba acercarse a la zona, les permitió comprobar que los cables que surtían de energía a la sierra se interrumpían abruptamente al borde de los barrancos que había dejado el temblor. Las líneas no pasaban al otro lado del precipicio. Sin embargo, las luces seguían ahí por las noches.
¿De dónde tomaban la energía?
¿Cómo le hacían para tener mejor alumbrado que las ciudades vecinas?
No había respuestas. La gente que habitaba esa zona había carecido desde siempre de los más elementales servicios públicos. Había remedos de escuelas, que no eran más que barracas derruidas para alojar a los pocos niños que acudían a beneficiarse con la simulación de educación, impartida esta por maestros rurales mal pagados y peor preparados. La mayoría de los pobladores eran analfabetas, el idioma común era el dialecto de sus ancestros, y para comunicarse con los extraños un español remendado con términos de origen indígena. No había, pues, forma, de que en ese medio surgiera una tecnología que sustituyera, para solucionar sus necesidades, la que el resto del país les había negado desde siempre.
El gobierno envió naves de la fuerza aérea para inspeccionar desde el espacio aéreo la zona. Los aviones despegaron uno tras otro, fueron tres en total, dotados con un sofisticado equipo fotográfico, podían filmar con todo detalle la zona. Cuando apenas se enfilaban rumbo al lugar, el equipo de navegación falló, y por la radio, las voces de los pilotos se hicieron incomprensibles, minutos más tarde se dejaron de escuchar. Semanas después las autoridades de Madagascar avisaron al gobierno del país que tres aviones espías, con su insignia, fueron encontrados en una zona deshabitada, que tenían cautivos a los pilotos, y que exigían una explicación detallada al gobierno del país sobre las actividades ilegales que estaban realizando en su territorio.
El gobierno, los medios, la gente estaba muy asombrada. El presidente se dio cuenta que estaba ante algo superior a sus capacidades, que esto ya era de incumbencia internacional pues, una "tecnología" así, manejada de otra forma, constituía una amenaza a la comunidad internacional. La potencia mundial vecina llamó al presidente del país para una consulta privada sobre el tema. Las filtraciones a los medios dieron a conocer que el sofisticado sistema de satélites espías de la potencia vecina no había podido registrar absolutamente nada en esa zona. Las imágenes de los satélites salían en blanco, y el único registro en audio era un fuerte tono en 455 kilo hertz que saturaba los poderosos sistemas de escucha. No tenían nada. Absolutamente nada.
Según ellos, la "Comunidad Internacional" consideraba asunto de seguridad nacional lo que estaba ocurriendo en ese lugar. Preparaba las argumentaciones para el congreso de aquel país, para que permitiera el acceso de las potencias mundiales a la zona, pues significaba una amenaza potencial a su forma de vida, a su democracia y a la sobrevivencia de sus ciudadanos.
***
Los dos sujetos bajaron del vehículo destartalado que los había llevado hasta el borde del precipicio que separaba la zona serrana del resto del territorio. Tomaron sus respectivas pertenencias y se quedaron mirando a la colosal cordillera, que a su vez los observaba con su mirar inmenso de montaña. Ellos estaban ahí ante algo que o sabían si era una aventura o el final de sus carreras, o sus vidas. Esperaban ver alguna seña, no eran tontos, estaban curtidos en su oficio: guerras, catástrofes, eran parte de su curriculm personal. Sabían que aparecería una señal desde algún sitio, quizá en una forma desconocida para ellos, fuera lo que fuera, ellos sabían y estaban preparados para escuchar.
Merodearon alrededor de la barranca hasta que oscureció. Aparecieron las primeras luces en las poblaciones serranas, la montaña parecía un árbol navideño, grupos de luces que hacían pensar que se trataba de un núcleo de viviendas separadas de las demás. Un punto luminoso aislado en la lejanía era una casa, aparecían tantos puntos aislados que hacía pensar que en todos estos se trataba de viviendas solitarias, la iluminación de toda casa se estaba extendiendo, o quizá, estaban ubicando puntos de vigilancia estratégicos en la montaña.
Estaban ahí porque el asunto de las luces ya estaba causando inquietud a la Comunidad Internacional como suelen denominarse los cuatro o cinco países que se agencian la voz de todos los habitantes del planeta. Los habían enviado sus medios para que se infiltraran hábilmente e informaran lo que estaba ocurriendo ahí. Ellos, no solo informaban a sus medios, el sistema de espionaje de sus respectivos países cubría los costos de la valiosa información que ambos proporcionaban.
Ante la visión de la montaña iluminada caminaron durante horas cerca del borde de la profunda barranca. No había forma de penetrar al lugar, estaba completamente aislado. Se acomodaron en algún sitio para descansar en espera de que amaneciera. Esperaban, deseaban ser detenidos, hechos prisioneros., esa era la forma básica de ingresar al corazón del territorio a explorar, lo verían todo y pondrían atención a las instalaciones militares, si es que las había. Si eran hechos prisioneros su mayor fortuna sería entrar en contacto con los detenidos o resentidos; estos serían una fuente muy motivada para darles a conocer todo aquello que querían saber, labios dispuestos a revelar los secretos de eso que los había llevado ahí. La segunda fuente de información serían los guardias, la habilidad desarrollada durante tantos años les permitiría establecer una relación cercana con ellos; al final, los guardias serían el conducto para llegar por las líneas del mando hasta la cúpula del poder para negociar su liberación como periodistas. Los medios masivos golpearían al gobierno para presionarlos, una vez fuera, la información recabada con lujo de detalles sería puesta en las manos adecuadas. ¿No era así? ¿No había sido esa y otras más ingeniosas su estrategia de siempre?
Ahora estaban ahí echados sobre unas enormes rocas planas, contemplando el espectáculo luminoso que se presentaba ante sus ojos.
-Esto no lo habíamos visto antes...
-No. Nunca. Por eso están tan inquietos "allá arriba". Les preocupa mucho no saber qué sucede.
-Siempre hay huellas, indicios de los que va a suceder, compra de armas, movimientos financieros desde los grupos del poder que, aparentemente, no tienen sentido. Cuando sucede algo así, los de arriba saben, las más de las veces ellos son los que provocan estas situaciones, pero esta vez, nada. No hay un solo indicio que permita saber de dónde viene todo esta situación.
-Sí, no hay nada. Estoy sorprendido, no nos han hecho prisioneros aún. Ya deberíamos estar cautivos. De lo que no tengo ninguna duda es de que nos están vigilando, saben nuestra ubicación.
-Quizá hasta nos están escuchando.
-No sé, puede ser.
#### continua
Ellos...
Sobre la planicie de los miserables una luz descendió del cielo. Siempre es el mismo tema: <una luz que desciende del cielo>, parece que no tenemos otra forma de inventarnos cuentos.
El café vaporiza el ambiente en torno a los contertulios. Le pone aroma al escenario. Frente a ellos la plaza principal con sus sabinos antiguos refrescando el cuerpo de la sombra. Gente por aquí y por allá. ¿A Dónde van?... solo ellos lo saben, la gente es como hormiga hace tantas cosas que uno no se las imagina.
El de la voz es un tipo con rostro de roedor, muy blanco y sus encías con los dientes hacen una curva breve al frente y muy alargada hacia los lados: es de alguno de esos países que componían el Imperio Austro húngaro. Ambos son periodistas, están aquí porque ha sucedido algo muy extraño en la zona y vienen a investigar cuanto puedan para reportar a sus medios. El otro individuo también es periodista, y también es un espía, es parte de esa dualidad común en su país. Escribe para un periódico norteamericano y está aquí por el mismo motivo: algo extraño está sucediendo en esta zona que ha despertado el interés de sus editores; en el caso del norteamericano, de su gobierno.
-Pues sí, el cielo es el único sitio que falta de volver algo cotidiano, nuestro.
- Y les faltará, lo que no les falta es la malsana intención de conquistarlo.
-Jajajaja (ambos ríen)
Se conocen desde hace tiempo, y aunque se repudian mutuamente, cada vez que coinciden en algún evento importante se reúnen y cambian impresiones. Es común encontrar en los artículos del uno los comentarios del otro, como si se entrevistaran como expertos mutuamente sin darse una a otro el crédito de la opinión. Es un acuerdo tácito que aceptan y respetan, no se inhiben en ello, se obsequian al otro para enriquecer la percepción de las cosas. Les conviene porque han notado que uno lleva al otro, o quizás le inspira hacia determinadas ideas.
El café es repuesto por el mesero, la charla sigue, cambia de tema a menudo, versa sobre otras épocas, sobre cuestiones personales, es -digamos- solo un pretexto para matar el tiempo que falta para emprender la marcha hacia <ese lugar> donde se han empezado a dar las cosas. Aparece el silencio cuando alguna mujer hermosa, con cuerpo de tentación, cruza frente a sus miradas, la siguen, se la beben en silencio.
Después de un rato la espera termina. Se les une un hombre moreno, con rasgos indígenas, de baja estatura.
-Yo solo me comprometo a llevarlos hasta donde empieza el camino a la sierra, de ahí para adelante ustedes siguen solos. Antes tienen que pasar a la comisaría para que firmen un documento en donde conste que están enterados de que van a ese sitio advertidos de lo que ahí sucede, de que nadie ha podido ingresar a esa zona desde que se vieron todas esas luces bajar del cielo al lugar.
Los dos hombres asienten con la cabeza y siguen al individuo por las calles que conducen a la comisaría. Cuando salen de ahí abordan una camioneta destartalada, propiedad del sujeto, con la que los transportará al sitio acordado.
+++
Todo empezó años atrás. La gente que visitaba por cuestiones de comercio ese lugar de la sierra empezó a notar que por esos sitios solo vivían personas adultas y ancianos, no había jóvenes ni niños. La actitud de la gente era muy extraña, eran exageradamente reservados y recelosos con los de fuera. Hablaban entre ellos en su dialecto y cuando el visitante entendía su lengua, callaban. No respondían a sus preguntas, sobre todo las que se relacionaban con sus hijos. Nada pasó entonces, aunque las autoridades mandaban a sus delegados municipales para ver qué estaba pasando con los menores de edad. La burocracia gubernamental pronto se habituó a esa situación y dejó de poner atención en ellos. Solo se sabía que por esos poblados de la serranía vivía gente adulta, que no habían personas menores de edad.
En fechas recientes la zona se cerró por completo a todos los visitantes. Los comerciantes pusieron el grito en el cielo porque estaban perdiendo mercado para sus productos: refrescos, cervezas. Alimentos chatarra o de baja calidad que no se vendían en las ciudades y que colocaban en esa zona a precios exorbitantes pese a la pobreza extrema en que vivía esa gente. Las autoridades acudieron al llamado de esos intereses y fue entonces que sucedió lo que ahora era traía de cabeza al gobierno local, y tras él, a otros núcleos del poder siempre atentos a cualquier detalle que pudiera salirse del control con que siempre han controlado a las personas.
Luces... muchas luces. Era todo lo que se podía apreciar a lo lejos. Luces entre las montañas, luces que subían y bajaban, como esas luces que se ven en las noches por las autopistas. Todas ellas del tono de las flamas del acetileno. También la gente quiso saber qué estaba sucediendo en esa zona y trataron de visitar esos poblados durante los fines de semana. Se encontraron con caminos cerrados con enormes rocas y enormes montañas de tierra, como si los hubiera provocado un deslave. Optaron por observar a las comunidades desde lejos, hasta donde les era posible llegar con sus vehículos. Luces, muchas luces. Parecía como si de pronto, en esas comunidades paupérrimas, se hubieran trazado grandes avenidas, como si la modernidad hasta entonces, privilegio de las grandes ciudades, se hubiera aposentado en todos esos pueblos olvidados. Las autoridades, antes negadas para ofrecer cualquier obra que mejorara las condiciones de vida de esos lugares, envió equipo mecanizado para quitar los "derrumbes" y permitir el paso a sus inspectores para saber por qué habían tantas luces por toda la sierra durante la noche.
Lo que sucedió entonces fue sorprendente: apenas empezaban los trascabos y las palas a remover las montañas de tierra cuando se sintieron pequeños temblores. Los cerros colindantes se desgajaron y se escuchó una serie de truenos que procedían desde el interior de la tierra. Cuando todo aquello terminó había unas profundas barrancas que separaban a la sierra de todo el territorio que la rodeaba.
Los operarios, llenos de miedo, salieron corriendo del lugar y dejaron ahí toda la maquinaria. Lo sucedido acaparó la atención de los medios informativos de todo el país, la noticia en unos cuantos segundos se expandió por todo el mundo. En todos los idiomas, los informadores daban a conocer a los habitantes del mundo que en X país, por medios extraños, una zona montañosa se había aislado del resto del territorio. La información era incompleta, pero fue suficiente para que la mirada del mundo se posara en esa zona.
+++
Las autoridades locales descubrieron que las empresas que surtían de energía eléctrica a esa zona reportaban cero consumo. Una somera inspección, pues ningún empleado aceptaba acercarse a la zona, les permitió comprobar que los cables que surtían de energía a la sierra se interrumpían abruptamente al borde de los barrancos que había dejado el temblor. Las líneas no pasaban al otro lado del precipicio. Sin embargo, las luces seguían ahí por las noches.
¿De dónde tomaban la energía?
¿Cómo le hacían para tener mejor alumbrado que las ciudades vecinas?
No había respuestas. La gente que habitaba esa zona había carecido desde siempre de los más elementales servicios públicos. Había remedos de escuelas, que no eran más que barracas derruidas para alojar a los pocos niños que acudían a beneficiarse con la simulación de educación, impartida esta por maestros rurales mal pagados y peor preparados. La mayoría de los pobladores eran analfabetas, el idioma común era el dialecto de sus ancestros, y para comunicarse con los extraños un español remendado con términos de origen indígena. No había, pues, forma, de que en ese medio surgiera una tecnología que sustituyera, para solucionar sus necesidades, la que el resto del país les había negado desde siempre.
El gobierno envió naves de la fuerza aérea para inspeccionar desde el espacio aéreo la zona. Los aviones despegaron uno tras otro, fueron tres en total, dotados con un sofisticado equipo fotográfico, podían filmar con todo detalle la zona. Cuando apenas se enfilaban rumbo al lugar, el equipo de navegación falló, y por la radio, las voces de los pilotos se hicieron incomprensibles, minutos más tarde se dejaron de escuchar. Semanas después las autoridades de Madagascar avisaron al gobierno del país que tres aviones espías, con su insignia, fueron encontrados en una zona deshabitada, que tenían cautivos a los pilotos, y que exigían una explicación detallada al gobierno del país sobre las actividades ilegales que estaban realizando en su territorio.
El gobierno, los medios, la gente estaba muy asombrada. El presidente se dio cuenta que estaba ante algo superior a sus capacidades, que esto ya era de incumbencia internacional pues, una "tecnología" así, manejada de otra forma, constituía una amenaza a la comunidad internacional. La potencia mundial vecina llamó al presidente del país para una consulta privada sobre el tema. Las filtraciones a los medios dieron a conocer que el sofisticado sistema de satélites espías de la potencia vecina no había podido registrar absolutamente nada en esa zona. Las imágenes de los satélites salían en blanco, y el único registro en audio era un fuerte tono en 455 kilo hertz que saturaba los poderosos sistemas de escucha. No tenían nada. Absolutamente nada.
Según ellos, la "Comunidad Internacional" consideraba asunto de seguridad nacional lo que estaba ocurriendo en ese lugar. Preparaba las argumentaciones para el congreso de aquel país, para que permitiera el acceso de las potencias mundiales a la zona, pues significaba una amenaza potencial a su forma de vida, a su democracia y a la sobrevivencia de sus ciudadanos.
***
Los dos sujetos bajaron del vehículo destartalado que los había llevado hasta el borde del precipicio que separaba la zona serrana del resto del territorio. Tomaron sus respectivas pertenencias y se quedaron mirando a la colosal cordillera, que a su vez los observaba con su mirar inmenso de montaña. Ellos estaban ahí ante algo que o sabían si era una aventura o el final de sus carreras, o sus vidas. Esperaban ver alguna seña, no eran tontos, estaban curtidos en su oficio: guerras, catástrofes, eran parte de su curriculm personal. Sabían que aparecería una señal desde algún sitio, quizá en una forma desconocida para ellos, fuera lo que fuera, ellos sabían y estaban preparados para escuchar.
Merodearon alrededor de la barranca hasta que oscureció. Aparecieron las primeras luces en las poblaciones serranas, la montaña parecía un árbol navideño, grupos de luces que hacían pensar que se trataba de un núcleo de viviendas separadas de las demás. Un punto luminoso aislado en la lejanía era una casa, aparecían tantos puntos aislados que hacía pensar que en todos estos se trataba de viviendas solitarias, la iluminación de toda casa se estaba extendiendo, o quizá, estaban ubicando puntos de vigilancia estratégicos en la montaña.
Estaban ahí porque el asunto de las luces ya estaba causando inquietud a la Comunidad Internacional como suelen denominarse los cuatro o cinco países que se agencian la voz de todos los habitantes del planeta. Los habían enviado sus medios para que se infiltraran hábilmente e informaran lo que estaba ocurriendo ahí. Ellos, no solo informaban a sus medios, el sistema de espionaje de sus respectivos países cubría los costos de la valiosa información que ambos proporcionaban.
Ante la visión de la montaña iluminada caminaron durante horas cerca del borde de la profunda barranca. No había forma de penetrar al lugar, estaba completamente aislado. Se acomodaron en algún sitio para descansar en espera de que amaneciera. Esperaban, deseaban ser detenidos, hechos prisioneros., esa era la forma básica de ingresar al corazón del territorio a explorar, lo verían todo y pondrían atención a las instalaciones militares, si es que las había. Si eran hechos prisioneros su mayor fortuna sería entrar en contacto con los detenidos o resentidos; estos serían una fuente muy motivada para darles a conocer todo aquello que querían saber, labios dispuestos a revelar los secretos de eso que los había llevado ahí. La segunda fuente de información serían los guardias, la habilidad desarrollada durante tantos años les permitiría establecer una relación cercana con ellos; al final, los guardias serían el conducto para llegar por las líneas del mando hasta la cúpula del poder para negociar su liberación como periodistas. Los medios masivos golpearían al gobierno para presionarlos, una vez fuera, la información recabada con lujo de detalles sería puesta en las manos adecuadas. ¿No era así? ¿No había sido esa y otras más ingeniosas su estrategia de siempre?
Ahora estaban ahí echados sobre unas enormes rocas planas, contemplando el espectáculo luminoso que se presentaba ante sus ojos.
-Esto no lo habíamos visto antes...
-No. Nunca. Por eso están tan inquietos "allá arriba". Les preocupa mucho no saber qué sucede.
-Siempre hay huellas, indicios de los que va a suceder, compra de armas, movimientos financieros desde los grupos del poder que, aparentemente, no tienen sentido. Cuando sucede algo así, los de arriba saben, las más de las veces ellos son los que provocan estas situaciones, pero esta vez, nada. No hay un solo indicio que permita saber de dónde viene todo esta situación.
-Sí, no hay nada. Estoy sorprendido, no nos han hecho prisioneros aún. Ya deberíamos estar cautivos. De lo que no tengo ninguna duda es de que nos están vigilando, saben nuestra ubicación.
-Quizá hasta nos están escuchando.
-No sé, puede ser.
#### continua
Última edición: