prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando estaba muy enfermo,
el rey Felipe tres, le dijo a la reina Margarita:
si un día se acabará el agua de mi pozo,
quisiera no llevarte en mi muerte,
más bien dejarte en la memoria
la parte eterna de mi ser,
que no me servirá por el camino de la nada.
Cuando te lleguen lagrimas, que sepas
que aun no estoy cansado,
que sigo sin el cuerpo buscando un lugar
lo más cerquita de nuestro paraíso,
adonde flores sin identidades comienzan a tener tu nombre.
Nunca podre marcharme de tus besos,
o que la muerte me arranque de alli,
que tu me guardes todos los que no me das,
sentencia con tus labios desde ahora
a no ser olvidados,
y dámelos cuando te pasaré los sueños
con un brazo de margaritas
para dejarlas en tu pecho.
Eres la mujer querida hasta de mis caballos.
el rey Felipe tres, le dijo a la reina Margarita:
si un día se acabará el agua de mi pozo,
quisiera no llevarte en mi muerte,
más bien dejarte en la memoria
la parte eterna de mi ser,
que no me servirá por el camino de la nada.
Cuando te lleguen lagrimas, que sepas
que aun no estoy cansado,
que sigo sin el cuerpo buscando un lugar
lo más cerquita de nuestro paraíso,
adonde flores sin identidades comienzan a tener tu nombre.
Nunca podre marcharme de tus besos,
o que la muerte me arranque de alli,
que tu me guardes todos los que no me das,
sentencia con tus labios desde ahora
a no ser olvidados,
y dámelos cuando te pasaré los sueños
con un brazo de margaritas
para dejarlas en tu pecho.
Eres la mujer querida hasta de mis caballos.
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