danie
solo un pensamiento...
Musas del Parnaso veladas por el manto del Helicón,
musas que con su fulgor manipulan la faena de un plectro,
ninfas engendradas por las fuentes del arte viva,
nueve en su totalidad, explícitas en los cantos de Efialtes;
el insigne epíteto las nombra divinas Heliconidades,
yo las nombro simplemente música y poesía.
Muéstrenme mis musas las obras de los dioses
que auguran en sus himnos las artes libérales,
las manos escultoras de Apolo que las alumbraron,
la centella que irradio el monte Helicón
y la erudición ilustrada de los parnasos;
esas musas que espolean las almas mundanas de los poetas.
Permítanme divagar con sus obras errabundas
que injuriaron a Perséfone y a la misma Afrodita
en los ojos de un Adonis, fruto de un árbol de mirra.
Brindo por esas deidades paradisíacas y su polución
mientras celebro los ritos paganos de su amor.
Nárrenme fastuosos poemas mis musas divinas,
incítenme a conocer la leyenda de los trotamundos
y los ídolos que labraron cuantiosos caminos,
deslúmbrenme con la sacra ciudad lírica,
demuestren que anduvieron vagando por toda una vida.
¡Quiero conocer el camino, quiero beber del dulce vino!,
demuestren que anduvieron vagando por toda una vida.
¡Quiero conocer el camino, quiero beber del dulce vino!,
¡oh musas, oh cumbres y talantes, auxílienme
en la búsqueda de la inspiración sublime!.
¡Oh diosas por qué son tan crueles y me evitan,
por qué no dejan labrar su luz en mi poesía!.
¡Oh reminiscencia qué describiría sus presencias
en mí, así se advertiría mi fidedigna hidalguía!
Lleguen a mí con su arcoíris añil y bergamota,
Lleguen a mí con su arcoíris añil y bergamota,
precursoras de las marejadas y el escollo de las olas,
lleguen sobre las diademas de pétreos y fúlgidos hados,
sobre los rayos de emisión de la aurora,
sobre el plenilunio y su perpetuo espejo,
sobre el canto del zorzal en la mora,
lleguen con un hálito,
solfeando canciones con el arpa del poniente,
lleguen con sus pulcras trovadas de sirenas
para hechizarme y ahogarme sobre el piélago.
¡Madres quimeras de la órbita utópica del poeta!
Vengan a mí, vestidas de impúdica libidinosa desnudes
deliberando y platicando con la pluma
de su aristocracia concebida,
musitándome coplas de un reverencial afecto,
demostrándome que se puede amarrar
los coros a las puertas del Vergel
y que no soy solo un bardo orate o ido.
Déjenme desvariar o perecer en el intento,
mis musas pretendidas.
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