Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Corriendo sobre el círculo sin fin de mi vida pasada,
una noche, entre miedo y miedo, me trasnoché un recuerdo.
El tiempo empezó a temblar, un sueño se cayó de la cama,
me agaché por si se había roto y la luna, revolcándose en el suelo.
A gritos, el cabecero de cobre me acariciaba la espalda,
las sábanas grises, sonrojadas de verde, pintaban de azul el cielo,
las cortinas envolvían la desnudez de lo que imaginaban mis ventanas
y un blanco brillante como la noche, pintaba de blanco las paredes del techo.
Por si a lo mejor no estaba dormido, más de cuatro veces me lavé la cara,
me miré las manos y entre gotas de hollín, encontré peces alzando el vuelo.
Con lo que quedaba de azulejos sin romper, de un golpe me abracé la espalda,
salté al vacío y en el tercer piso, llegué a la suela de la zapatillas de mis sueños.
Me robé el derecho a despertar, para no levantar a las gotas de mi almohada
que de vez en cuando se dejan caer de mis pupilas, cuando casi nunca duermo
y me recuerdan a veces, siempre a veces, el olor a madrugada
de quien un día entró sin llamar, para salpicar mi piel de las noches de su cuerpo.
una noche, entre miedo y miedo, me trasnoché un recuerdo.
El tiempo empezó a temblar, un sueño se cayó de la cama,
me agaché por si se había roto y la luna, revolcándose en el suelo.
A gritos, el cabecero de cobre me acariciaba la espalda,
las sábanas grises, sonrojadas de verde, pintaban de azul el cielo,
las cortinas envolvían la desnudez de lo que imaginaban mis ventanas
y un blanco brillante como la noche, pintaba de blanco las paredes del techo.
Por si a lo mejor no estaba dormido, más de cuatro veces me lavé la cara,
me miré las manos y entre gotas de hollín, encontré peces alzando el vuelo.
Con lo que quedaba de azulejos sin romper, de un golpe me abracé la espalda,
salté al vacío y en el tercer piso, llegué a la suela de la zapatillas de mis sueños.
Me robé el derecho a despertar, para no levantar a las gotas de mi almohada
que de vez en cuando se dejan caer de mis pupilas, cuando casi nunca duermo
y me recuerdan a veces, siempre a veces, el olor a madrugada
de quien un día entró sin llamar, para salpicar mi piel de las noches de su cuerpo.