jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
.
cómo olvidar las tremebundas noches aquellas
chupando y puteando en el copacabana
las cumbias sonando de puta madre en la jodida rocola al fondo de la pista de cemento
las prostis meneando el rabo en la jodida pista de cemento
tal cual si creyeran que el movimiento giratorio de la tierra
dependiera de lo rápido que menearan el jodido rabo
yo, josé villa, meneando el rabo en la mierda de pista de cemento llena de grietas en las que
si uno andaba muy alcoholizado corría el alto riesgo
de tropezar y partirse la madre al irse de hocico contra el suelo
de lunes a jueves había promoción 2x1 general
cerveza helada, 10 pesos por dos latas llevadas a tu mesa
por una de las sensuales y despampanantes bellezas de arrabal
que pululaban por todo el local, montadas en sus plataformas de 20 cms
emanando un torbellino de profundos efluvios vaginales
que se dispersaba por el aire incitando a la copulación
10 insignificantes pesitos y tenías derecho
a bailar dos canciones abrazado y refregando el nabo
a la entrepierna de tu prosti favorita
con licencia para frotarse y sobarle el culo a discreción
pero sin meter mano por debajo de la putifalda
dos cuerpos magnetizados por la fuerza primigenia del instinto animal
girando como satélites enloquecidos en la inmensidad del espacio sideral
(si sigo dejando aparecer estas rimas voy a terminar recibiendo un puto premio
al poeta floripondio del mes)
80 miserables pesos y te hacías acreedor
a media hora para meterte a culear en uno de los cuartuchos al fondo del patio
con derecho a repetir si lograbas que la mazacuata
se te volviera a poner tiesa antes de 5 minutos
-hazaña de la que nunca fui capaz, debo confesar-
uno salía totalmente vaciado y satisfecho y feliz de la puerca vida
de aquellos cochambrosos cuartuchos en obra negra al fondo del patio
uno salía flotando a 10 cms del piso envuelto en una nube extra sensorial
uno podía regresar a su chingada vida de mierda de todos los días
completamente renovado y espiritualizado y lleno de energía positiva
para enfrentar con una sonrisa y buena cara todo ese montón de jodidos contratiempos
que le salen a uno todo el rato sin darle una maldita tregua
¡y qué cogidotas tan ricas se podía llegar a echar uno
antes del puto sida, el empedorramiento femenino, la obligatoriedad del pinche condón
y la constante amenaza de que te graben con un celular mientras estás cogiendo
y al otro día te hagan chantaje para no decirle a tu mujer
la clase de cerdo putañero degenerado con que está casada!
allí en el copa me eché los mejores palos de mi vida
borracho, joven, despreocupado
sin mujer, sin hijos, sin la jodida hipoteca vencida
un auténtico animalis fornicatorium
con ríos enteros de semen para anegar con ellos los suaves coñitos de aquellas furcias
la tere, la jazmín, la kenia, la lupe
la yolis, la chayo, la maira, la chona
entre todas ellas se encargaron de hacer que aquellos años
-¡tan efímeros, ay, tan breves!-
fueran los más felices y satisfactorios de mi perra vida
ahora que el fin de la ídem está cada día más cerca
y que tendría tal vez que ir pensando
en preparar mi alma para el truculento viaje a las regiones de ultratumba
-en lugar de malgastarlo en escribir esta mierda de poemas, por ejemplo-
la mera verdad es que me chupa un huevo y la mitad del otro
si muero y me precipito directo y sin escalas hasta las mismas fauces del averno
si en vida ya conocí el paraíso, ya probé las delicias que guardaba tras sus puertas
qué me puede importar, una vez llegado mi turno de comparecer
ante san pedro, el primo de san pedro o la puta madre de san pedro
el destino final que me tenga reservado el juez supremo;
ni siquiera aguardaré el veredicto, le diré al encargado de notificarme la sentencia
que se metan su puto cielo y sus putos angelitos por el culo
y cogeré rumbo al infierno para ir a reencontrarme con las putas del copacabana
.
cómo olvidar las tremebundas noches aquellas
chupando y puteando en el copacabana
las cumbias sonando de puta madre en la jodida rocola al fondo de la pista de cemento
las prostis meneando el rabo en la jodida pista de cemento
tal cual si creyeran que el movimiento giratorio de la tierra
dependiera de lo rápido que menearan el jodido rabo
yo, josé villa, meneando el rabo en la mierda de pista de cemento llena de grietas en las que
si uno andaba muy alcoholizado corría el alto riesgo
de tropezar y partirse la madre al irse de hocico contra el suelo
de lunes a jueves había promoción 2x1 general
cerveza helada, 10 pesos por dos latas llevadas a tu mesa
por una de las sensuales y despampanantes bellezas de arrabal
que pululaban por todo el local, montadas en sus plataformas de 20 cms
emanando un torbellino de profundos efluvios vaginales
que se dispersaba por el aire incitando a la copulación
10 insignificantes pesitos y tenías derecho
a bailar dos canciones abrazado y refregando el nabo
a la entrepierna de tu prosti favorita
con licencia para frotarse y sobarle el culo a discreción
pero sin meter mano por debajo de la putifalda
dos cuerpos magnetizados por la fuerza primigenia del instinto animal
girando como satélites enloquecidos en la inmensidad del espacio sideral
(si sigo dejando aparecer estas rimas voy a terminar recibiendo un puto premio
al poeta floripondio del mes)
80 miserables pesos y te hacías acreedor
a media hora para meterte a culear en uno de los cuartuchos al fondo del patio
con derecho a repetir si lograbas que la mazacuata
se te volviera a poner tiesa antes de 5 minutos
-hazaña de la que nunca fui capaz, debo confesar-
uno salía totalmente vaciado y satisfecho y feliz de la puerca vida
de aquellos cochambrosos cuartuchos en obra negra al fondo del patio
uno salía flotando a 10 cms del piso envuelto en una nube extra sensorial
uno podía regresar a su chingada vida de mierda de todos los días
completamente renovado y espiritualizado y lleno de energía positiva
para enfrentar con una sonrisa y buena cara todo ese montón de jodidos contratiempos
que le salen a uno todo el rato sin darle una maldita tregua
¡y qué cogidotas tan ricas se podía llegar a echar uno
antes del puto sida, el empedorramiento femenino, la obligatoriedad del pinche condón
y la constante amenaza de que te graben con un celular mientras estás cogiendo
y al otro día te hagan chantaje para no decirle a tu mujer
la clase de cerdo putañero degenerado con que está casada!
allí en el copa me eché los mejores palos de mi vida
borracho, joven, despreocupado
sin mujer, sin hijos, sin la jodida hipoteca vencida
un auténtico animalis fornicatorium
con ríos enteros de semen para anegar con ellos los suaves coñitos de aquellas furcias
la tere, la jazmín, la kenia, la lupe
la yolis, la chayo, la maira, la chona
entre todas ellas se encargaron de hacer que aquellos años
-¡tan efímeros, ay, tan breves!-
fueran los más felices y satisfactorios de mi perra vida
ahora que el fin de la ídem está cada día más cerca
y que tendría tal vez que ir pensando
en preparar mi alma para el truculento viaje a las regiones de ultratumba
-en lugar de malgastarlo en escribir esta mierda de poemas, por ejemplo-
la mera verdad es que me chupa un huevo y la mitad del otro
si muero y me precipito directo y sin escalas hasta las mismas fauces del averno
si en vida ya conocí el paraíso, ya probé las delicias que guardaba tras sus puertas
qué me puede importar, una vez llegado mi turno de comparecer
ante san pedro, el primo de san pedro o la puta madre de san pedro
el destino final que me tenga reservado el juez supremo;
ni siquiera aguardaré el veredicto, le diré al encargado de notificarme la sentencia
que se metan su puto cielo y sus putos angelitos por el culo
y cogeré rumbo al infierno para ir a reencontrarme con las putas del copacabana
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