María Rentería
Luna en Acuario.
Ella, con el corazón palpitante, le preguntó: -“¿Te acuerdas de esas noches en San Miguel Allende?...” Y él, presto, le contestó: -“No sé de qué me hablas… jamás estuve ahí contigo.”
Con voz queda, ella le dijo: -“No… estás equivocado. Estuviste ahí todas y cada una de esas noches, cuando contemplaba la iluminada catedral desde el mirador…”
Mirándole a los ojos, ella continuó: -“Estuviste ahí todas y cada una de esas noches, cuando miraba al cielo estrellado en el sopor y la calidez del mes de mayo…”
Tomando su mano, ella concluyó: -“¿Ves?... Estuviste ahí todas y cada una de esas noches, cuando yo cerraba los ojos y te respiraba, invocando con todo mi ser tu presencia incorpórea…”
El la miró sonriendo. Ella le devolvió la dulce sonrisa mientras le apretaba la mano y poco a poco la soltaba dejándole ir en la bruma de ese sueño de primavera…
Con voz queda, ella le dijo: -“No… estás equivocado. Estuviste ahí todas y cada una de esas noches, cuando contemplaba la iluminada catedral desde el mirador…”
Mirándole a los ojos, ella continuó: -“Estuviste ahí todas y cada una de esas noches, cuando miraba al cielo estrellado en el sopor y la calidez del mes de mayo…”
Tomando su mano, ella concluyó: -“¿Ves?... Estuviste ahí todas y cada una de esas noches, cuando yo cerraba los ojos y te respiraba, invocando con todo mi ser tu presencia incorpórea…”
El la miró sonriendo. Ella le devolvió la dulce sonrisa mientras le apretaba la mano y poco a poco la soltaba dejándole ir en la bruma de ese sueño de primavera…
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