Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Hay tantas cosas en mi interior que quisiera mostrarte
y confesarte
pero que nunca verás ni oirás:
Serpientes de ceniza que pudren mi lengua
con sentimientos débiles.
Se enroscan en la negrura de mi garganta
y sisean palabras que deben permanecer mudas.
Larvas ingenuas
que creen que un día serán mariposas
pero que no son más que abominaciones
engendradas por espejismos.
Y luego, estos órganos sin valor
cubiertos de besos confusos, azul y lodo.
Porque los enterré tan lejos y tan profundo
que había olvidado que, bajo la tierra, seguían calientes.
Los metí en una bolsa de tela
para que las polillas y los insectos no los royeran.
Sin embargo están agujereados
por los estigmas perfectos de tus ojos
que se quedaron grabados en cada rincón de mi piel;
incluso más allá,
mucho más allá,
en el marfil de los huesos.
Hay infinidad de monstruosidades
cuyas alas resquebrajadas se pliegan bajo mis vísceras.
Pero nunca lo sabrás.
y confesarte
pero que nunca verás ni oirás:
Serpientes de ceniza que pudren mi lengua
con sentimientos débiles.
Se enroscan en la negrura de mi garganta
y sisean palabras que deben permanecer mudas.
Larvas ingenuas
que creen que un día serán mariposas
pero que no son más que abominaciones
engendradas por espejismos.
Y luego, estos órganos sin valor
cubiertos de besos confusos, azul y lodo.
Porque los enterré tan lejos y tan profundo
que había olvidado que, bajo la tierra, seguían calientes.
Los metí en una bolsa de tela
para que las polillas y los insectos no los royeran.
Sin embargo están agujereados
por los estigmas perfectos de tus ojos
que se quedaron grabados en cada rincón de mi piel;
incluso más allá,
mucho más allá,
en el marfil de los huesos.
Hay infinidad de monstruosidades
cuyas alas resquebrajadas se pliegan bajo mis vísceras.
Pero nunca lo sabrás.