Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Preludio
Pintado de sol, nuestro beso me acompaña.
Qué de sombras tiene ya su ausencia.
Nos besábamos viendo morir el verano. Llegado el otoño, no contemplé otros ojos capaces de hacerme prisionero, ni más besos que vibraran paz a cada nuevo temblor.
Nos conocimos casi al fin de curso, desde entonces, un arpa da luz a los besos, todos los mayos.
Invierno hoy, paseo deshojando tréboles sobre las hojas secas del pasado.
Lamía en sus pechos la piel del mazapán, acariciaba su espalda y por su vientre volaban una bandada tierna de gaviotas.
A su lado respiré silenciosos verbos , parí nuevas palabras, sus besos fueron manzanos, palmeras, gaviotas, gardenias, ángeles, violines y siete primaveras en aquel verano.
Aún siento el candor recordando cuando se me declaró, cómo su cuello se abandonó en mi hombro, realmente fue ella mi primer amor.
Se despidió de mí con un horrible gesto de persona mayor.
Hasta que me vi reflejado en sus ojos jamás nunca habían visto besos mis pestañas. Con ella nació mi primer tequiero, tan lejano ya como la seda.
Hoy su ausencia es triste como las moscas.
Poeta estoy, preguntaré a la risa del folio si para mí existirá más la alegría.
...
..
Las olas del primer beso
El beso aquel de largo sabor
es un poso que poco a poco
siembra sobre el recuerdo
cuando el amor sus huertos abandona.
El beso de nuestro primer amor
es la sombra tenue
que riega la hierba del recuerdo
para decirle al amor que existió.
Aquél beso como rana
que clama y clama un nombre propio
mayo junio entero
en la charca del amor, aún.
También el beso venidero
misteriosamente al poeta
va cerrándole los jazmines
en un folio en blanco
y va colocándole
ergo de una a una
palabras blancas
en pie de guerra.
Corta y cierra poeta
rompe tu guitarra
me digo
que la función de tus ojos
no sea llorar
sino ver.
No es de nosotros.
Estaba perdido otra vez
en querernos
recorriendo el laberinto
de un antiguo enamorado.
No es de ahora este sentimiento.
Sólo es la ola que
de tanto en tanto regresa
atravesando el folio
hasta nuestra antigua orilla
ayer y mañana todavía.
…
..
.
Jesús Soriano
.
Preludio
Pintado de sol, nuestro beso me acompaña.
Qué de sombras tiene ya su ausencia.
Nos besábamos viendo morir el verano. Llegado el otoño, no contemplé otros ojos capaces de hacerme prisionero, ni más besos que vibraran paz a cada nuevo temblor.
Nos conocimos casi al fin de curso, desde entonces, un arpa da luz a los besos, todos los mayos.
Invierno hoy, paseo deshojando tréboles sobre las hojas secas del pasado.
Lamía en sus pechos la piel del mazapán, acariciaba su espalda y por su vientre volaban una bandada tierna de gaviotas.
A su lado respiré silenciosos verbos , parí nuevas palabras, sus besos fueron manzanos, palmeras, gaviotas, gardenias, ángeles, violines y siete primaveras en aquel verano.
Aún siento el candor recordando cuando se me declaró, cómo su cuello se abandonó en mi hombro, realmente fue ella mi primer amor.
Se despidió de mí con un horrible gesto de persona mayor.
Hasta que me vi reflejado en sus ojos jamás nunca habían visto besos mis pestañas. Con ella nació mi primer tequiero, tan lejano ya como la seda.
Hoy su ausencia es triste como las moscas.
Poeta estoy, preguntaré a la risa del folio si para mí existirá más la alegría.
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Las olas del primer beso
El beso aquel de largo sabor
es un poso que poco a poco
siembra sobre el recuerdo
cuando el amor sus huertos abandona.
El beso de nuestro primer amor
es la sombra tenue
que riega la hierba del recuerdo
para decirle al amor que existió.
Aquél beso como rana
que clama y clama un nombre propio
mayo junio entero
en la charca del amor, aún.
También el beso venidero
misteriosamente al poeta
va cerrándole los jazmines
en un folio en blanco
y va colocándole
ergo de una a una
palabras blancas
en pie de guerra.
Corta y cierra poeta
rompe tu guitarra
me digo
que la función de tus ojos
no sea llorar
sino ver.
No es de nosotros.
Estaba perdido otra vez
en querernos
recorriendo el laberinto
de un antiguo enamorado.
No es de ahora este sentimiento.
Sólo es la ola que
de tanto en tanto regresa
atravesando el folio
hasta nuestra antigua orilla
ayer y mañana todavía.
…
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Jesús Soriano
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