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Las plumas de un poeta

musador

esperando...
A Carmen, de Sevilla

Hombre de enorme cultura
el rector de Salamanca,
con su tan castiza prosa
y con su lengua acerada.

Mestizo el pobre poeta
de Nicaragua lejana,
con sus musicales versos
de sueños que se cabalgan.

Quiso el rector ser poeta,
quiso labrar la palabra,
quiso dejar sus preguntas
como perlas en el nácar.

Justo y bueno era el mestizo
en su vida desgraciada,
era ante todo el poeta
que merecía su fama.

El rector en un descuido,
en literaria velada,
comentó sobre las plumas
que ese mestizo ostentaba.

"En mi sombrero esta pluma
elijo para esta carta",
le respondió al enterarse
el poeta con la aldaba.

Y supo el rector entonces
aquella noticia grata:
que el poeta conocía
al poeta de su entraña.

La muerte vino a llevarse
al poeta en su desgracia,
y el rector al comentarlo
de su error cuenta nos daba.

Lecciones que da la vida
para quien sabe escucharla,
el rector en su cultura
del verso sintió la espada.

"Supe ver en ti al poeta",
¡qué profunda la palabra!
Cada cosa en su lugar:
por decir, no queda nada.
 
Última edición:
Es una belleza tu poema; aunque triste la historia!!! Me encantó amigo y te felicito por compartir esta obra maravillosa!!! Un placer leerte!!! Un abrazo fraterno para vos del entrerriano.
 
Pues, Lourdes, no solo es «como» contar una historia, es contarla. No solo eso, sino que palabras más, palabras menos, la historia es verídica.

abrazo
Jorge
 
Hola, Mariano. Es triste la historia, sí. Dicen que el rector jamás se había sentido tan turbado como cuando recibió esa carta del poeta. Ay, la vanidad y la envidia encuentran sus presas...

abrazo
Jorge
 
Este poema tan hermoso, Jorge, me ha llevado a leer el suceso en el que se basa y que yo no conocía, que es esa frase desgraciada y despectiva que en su día dijo Don Miguel sobre Rubén Darío y de la que tanto se lamentaría luego:
[h=3]"dije una vez delante de un compañero de pluma que a Rubén se le veían las plumas —las de indio— debajo del sombrero"[/h] Ese hombre fundamentalmente bueno además de enorme poeta jamás le guardó rencor a Unamuno por semejante improperio, mostrole su dolor en una carta, pero nunca rencor.

Permíteme Jorge que plasme aquí el final de una carta que escribió de Don Miguel tras la muerte del nicaragüense y que acabo de leer con avidez. Creo que esas últimas línas merecen ser reproducidas aquí a propósito de tus versos :

[h=3]"Sí, buen Rubén, óptimo poeta y mejor hombre: éste tu huraño y hermético amigo, que debe ser justo y debe ser bueno contigo y con los demás, te debía palabras no de benevolencia, de admiración y de fervorosa alabanza, por tus esfuerzos de cultura. Y si Dios me da salud, tiempo y ánimo, he de decir de tu obra lo que —más vale no pensar en porqué—no dije cuando podías oírlo. ¿Lo oirás ahora? Quisiera creer que sí.[/h] [h=3]Hay que ser justo y bueno, Rubén."[/h] [FONT=&quot]Miguel de Unamuno[FONT=&quot]
-------------------------------------

Abrazo
 
Pues te agradezco mucho, Juan, que aclares en buena medida mi historia. Solo agregaré dos detalles:

1. Cuando Darío se enteró de esta frase de las plumas, escribió a Unamuno dándole noticias de un artículo que tenía ya escrito para publicar en «La Nación» de Buenos Aires, con el título de «Unamuno, poeta» (parte de este artículo lo he puesto como comentario a la ficha de Unamuno en la biblioteca). En esta carta es que Darío dice que la escribe con la pluma que saca de bajo su sombrero, y dice también que «supo ver al poeta». También en esta carta dice estas palabras, «hay que ser justo y bueno», que Unamuno repetirá en su arrepentida necrológica.

2. Sabido es que Unamuno quería ser recordado como poeta, para lo que el reconocimiento de Rubén Darío era fundamental; a tal punto era conciente de esto Don Miguel, que incluyó como prólogo de su libro «Teresa» el mencionado artículo de Darío.

Cosas de grandes hombres. Unamuno cometió, después, un error mucho más grave, del que también supo arrepentirse aunque con menos claridad. Ese episodio del 12 de octubre de 1936 merece un romance también: hace rato que quiero escribirlo.

abrazo
Jorge
 
Última edición:
Mi querido Jorge este romance lleva varios relatos dentro de sus letras, he reflexionado leyéndolo varias veces .Gracias por compartirlo y sé muy bien lo que has querido decirme , lo bueno es que mi "rector" tiene pluma, es rector y un gran poeta ,me has emocionado Un abrazo Carmen
 
Gracias, Carmen. Creo que eres de las más indicadas para entender la moraleja de este romance, donde se cuenta como un poeta generoso, e ignorante en muchos aspectos, supo dar una lección de sabiduría al rector de la Universidad de Salamanca. ¡Y qué poeta!

abrazo
Jorge
 
Hacía rato, Carmencita, que no te dedicaba nada. Y este tema me hizo acordar a ti. La soberbia de la cultura, que he visto muchas veces, es una de sus tantas miserias. Cosas de la vida.

abrazo
J.
 
A Carmen, de Sevilla

Hombre de enorme cultura
el rector de Salamanca,
con su tan castiza prosa
y con su lengua acerada.

Mestizo el pobre poeta
de Nicaragua lejana,
con sus musicales versos
de sueños que se cabalgan.

Quiso el rector ser poeta,
quiso labrar la palabra,
quiso dejar sus preguntas
como perlas en el nácar.

Justo y bueno era el mestizo
en su vida desgraciada,
era ante todo el poeta
que merecía su fama.

El rector en un descuido,
en literaria velada,
comentó sobre las plumas
que ese mestizo ostentaba.

"En mi sombrero esta pluma
elijo para esta carta",
le respondió al enterarse
el poeta con la aldaba.

Y supo el rector entonces
aquella noticia grata:
que el poeta conocía
al poeta de su entraña.

La muerte vino a llevarse
al poeta en su desgracia,
y el rector al comentarlo
de su error cuenta nos daba.

Lecciones que da la vida
para quien sabe escucharla,
el rector en su cultura
del verso sintió la espada.

"Supe ver en ti al poeta",
¡qué profunda la palabra!
Cada cosa en su lugar:
por decir, no queda nada.
Siempre que te leo...reconozco que leo buena poesía.
Y no hallo que decir.un beso
 
Del sucedido lamento
esa torva explicación,
guiábale la intención
mas que sufrir el tormento
de que por un mal momento
ofensa dio a un poeta;
para conseguir su meta
presto reparó tal daño
mas la parte del engaño
mucho le pesa y le inquieta.
Saludos
 
Impagable historia esta que nos cuentas, a bordo de unas cuartetas asonantadas que leo perfectamente como un romance, ya que utilizas la misma asonancia alterna (aa) en toda la obra.
Recuerdo que en una ocasión en un comentario sobre un soneto mío, me contaste una historia sobre un prólogo que hizo Unamuno sobre un libro de José Asunción Silva. Aquel comentario me descubrió la obra de Asunción Silva. Compruebo que eres un conocedor detallado de la obra y vida de Don Miguel.
Un abrazo y mi sincero aplauso.
 
Última edición por un moderador:
Gracias, Tere. Por cierto el que puso cada cosa en su lugar en la ocasión fue Rubén Darío, aunque debe admitirse que Unamuno tuvo la tardía grandeza de reconocerlo.

abrazo
J.
 
Gracias, Essia. Sinceramente, creo que más allá de la calidad de mi poema, esta historia resulta bastante interesante y de contenido altamente simbólico, expresión temprana si se quiere de la grandeza de ese mestizaje que hoy vemos levantarse con orgullo en nuestra patria grande latinoamericana.
abrazo
Jorge
 
Hola, Luis.
Sin duda, lo que intenté componer es un romance; su organización en cuartetas, cosa que el romance permite, me resulta agradable aunque no siempre la practique (sigo el ejemplo de los hermosos romances líricos de Juan Ramón Jiménez en esto).
Unamuno me resulta un personaje muy interesante. Hombre clave en la literatura española del siglo XX temprano, de una enorme cultura, con una de las más hermosas prosas que haya leído, tan inquieto y tan contradictorio.
Acerca de José Asunción Silva, me he enterado recientemente de que fue él, en su Nocturno 3, el que introdujo los polémicos dodecasílabos ternarios (ooóo ooóo ooóo), ejemplo paradigmático de lo que más tarde se llamó «series rítmicas», que fueran luego también usadas por Darío. Junto a Martí (al que Darío llamara padre), algunos lo consideran como antecedente inmediato del modernismo.

abrazo
Jorge
 
Última edición:
Me encantó tu poema y el comentario añadido de Juan. D. Miguel era una persona muy temperamental y visceral, pero como gran hombre que era reconoció su error.
Mi aplauso y estrellas a tu poema
Un saludo cordial
 
Gracias, Epimeteo. Es un personaje interesante y extremadamente contradictorio Unamuno: muy amigo de las conversiones. Desgraciadamente, murió sin llegar a arrepentirse cabalmente de su peor error.

abrazo
Jorge
 
Bello este poema, Jorge. Que ensalza la figura de un grande de las letras como es Miguel de Unamuno.
Me gusta la forma narrativa que tienen tus versos,y en cuanto al contenido es significativo que hayas puesto de relieve su ocupación como rector, pues fue un hombre de gran preparaciòn acadèmica. Actualmente es considerado predecesor de la escuela existencialista
.

Abrazo.

***
Adorno-de-Flores.gif

 
Gracias, Huella. Unamuno es una personalidad controvertida, que me resulta sumamente interesante. La anécdota que comento en mi poema, ese desagardable comentario sobre Rubén Darío, no lo deja por cierto muy bien parado; no seré yo, sin embargo, el que tire la primera piedra... (sobre todo porque muchos ya la han tirado, jajaja)

gracias y abrazo
Jorge
 

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