Pantematico
Amargo el ron y mi antipática simpatía.
Dijo García Márquez "la luz es como el agua"
desde sus doce cuentos peregrinos, aquella
frase en particular quedó tan bien grabada
en mi memoria y me hizo meditar en la luz:
en su existencia o en su inexistencia y cada vez
quedaba convencido más de lo último;
porque durante mucho tiempo preconcebí
que la luz se conforma en nuestra imaginación,
y en la de nuestros estados alterados de conciencia,
de quien la percibe, y que existe solamente
porque creer queremos que en verdad esta ahí;
pero tuve oportunidad de conocer mi error.
Todo sucedió la noche en la que el silencio
se vistió de viento, de las pocas veces
que me quedaba solo en casa,
siempre en oscuridad; decidí que era el mejor momento
de poner fin a mis cavilaciones
y ver más de cerca el fenómeno de la luz...
Pensé que García Márquez utilizaba la metáfora
para lograr describir la abstracción que formaba un concepto,
pero esa noche, mis descubrimientos
se apartaron del reino de la poesía
para acercarse al momento de la realidad.
Antes, debo ser sincero con ustedes,
lo que pasa conmigo, es que tengo miedo a la claridad,
pero sin importarme esto, decidí dejar correr literalmente la luz;
como en el cuento, cerré puertas, ventanas, rompí
la bombilla encendida en el buró de mí recamara
dejando escapar de su prisión de cristal
la suave luz que ahí se guardaba.
Lentamente esa luz comenzó a inundar
el espacio de mi cuarto subiendo lentamente de nivel
separando en dos partes la tersa oscuridad superior
con la infame claridad que subía,
Cuando la luz alcanzo el nivel de mis rodillas
sentí el frío recorrer mis pies.
Nunca entendí porque se asocia
la luz con la calidez pues esta es fría
y al meditar en esto, considere que quizá
sea que el calor toma a la luz como vía de transporte,
pero la luz es fría, tal como el pavimento es frío
por más motores calientes que le pasen por encima;
Cuando me llegó a la altura del pecho
recordé que no sabía nadar y además de eso, nunca
lo había intentado en claridad.
Desesperadamente, trate de llegar
a la ventana más cercana para abrirla
y dejar escapar un poco de la presión
que ya se empezaba a sentir en el cuarto,
pero el nivel alcanzado por la luz
no me dejaba mover con rapidez
con gran esfuerzo pude mover
solo un poco la cabeza
cuando casi me llegaba al cuello
y la oscuridad casi se perdía por completo,
achatándose contra el techo.
Entonces tomado valor
decidí bucear en las profundas claridades.
Así que llenando de oscuro aire mis pulmones,
me sumergí para buscar a tientas el teléfono
y marcar el número de emergencia.
Antes de perder el conocimiento
alcance oír ulular de sirenas y voces
que rompían puertas para llegar hasta donde estaba
acompañando de alguien que dijo: "infarto".
Escuché también que hicieron
lo mejor que se puede hacer cuando
uno se ahoga en luz,
cubrieron mi rostro con un manto blanco,
me encerraron en este cajón,
donde puedo disfrutar del silencio
y sobre todo de la oscuridad,
además de que puedo meditar
en el otro tema que me inquieta:
Alguna vez leí que "el tiempo es un abismo
desde sus doce cuentos peregrinos, aquella
frase en particular quedó tan bien grabada
en mi memoria y me hizo meditar en la luz:
en su existencia o en su inexistencia y cada vez
quedaba convencido más de lo último;
porque durante mucho tiempo preconcebí
que la luz se conforma en nuestra imaginación,
y en la de nuestros estados alterados de conciencia,
de quien la percibe, y que existe solamente
porque creer queremos que en verdad esta ahí;
pero tuve oportunidad de conocer mi error.
Todo sucedió la noche en la que el silencio
se vistió de viento, de las pocas veces
que me quedaba solo en casa,
siempre en oscuridad; decidí que era el mejor momento
de poner fin a mis cavilaciones
y ver más de cerca el fenómeno de la luz...
Pensé que García Márquez utilizaba la metáfora
para lograr describir la abstracción que formaba un concepto,
pero esa noche, mis descubrimientos
se apartaron del reino de la poesía
para acercarse al momento de la realidad.
Antes, debo ser sincero con ustedes,
lo que pasa conmigo, es que tengo miedo a la claridad,
pero sin importarme esto, decidí dejar correr literalmente la luz;
como en el cuento, cerré puertas, ventanas, rompí
la bombilla encendida en el buró de mí recamara
dejando escapar de su prisión de cristal
la suave luz que ahí se guardaba.
Lentamente esa luz comenzó a inundar
el espacio de mi cuarto subiendo lentamente de nivel
separando en dos partes la tersa oscuridad superior
con la infame claridad que subía,
Cuando la luz alcanzo el nivel de mis rodillas
sentí el frío recorrer mis pies.
Nunca entendí porque se asocia
la luz con la calidez pues esta es fría
y al meditar en esto, considere que quizá
sea que el calor toma a la luz como vía de transporte,
pero la luz es fría, tal como el pavimento es frío
por más motores calientes que le pasen por encima;
Cuando me llegó a la altura del pecho
recordé que no sabía nadar y además de eso, nunca
lo había intentado en claridad.
Desesperadamente, trate de llegar
a la ventana más cercana para abrirla
y dejar escapar un poco de la presión
que ya se empezaba a sentir en el cuarto,
pero el nivel alcanzado por la luz
no me dejaba mover con rapidez
con gran esfuerzo pude mover
solo un poco la cabeza
cuando casi me llegaba al cuello
y la oscuridad casi se perdía por completo,
achatándose contra el techo.
Entonces tomado valor
decidí bucear en las profundas claridades.
Así que llenando de oscuro aire mis pulmones,
me sumergí para buscar a tientas el teléfono
y marcar el número de emergencia.
Antes de perder el conocimiento
alcance oír ulular de sirenas y voces
que rompían puertas para llegar hasta donde estaba
acompañando de alguien que dijo: "infarto".
Escuché también que hicieron
lo mejor que se puede hacer cuando
uno se ahoga en luz,
cubrieron mi rostro con un manto blanco,
me encerraron en este cajón,
donde puedo disfrutar del silencio
y sobre todo de la oscuridad,
además de que puedo meditar
en el otro tema que me inquieta:
Alguna vez leí que "el tiempo es un abismo