Mis horas no aguantan
el golpeo de las dudas,
avanzan en lanzas,
me acusan,
me azoran.
Las ventajas de andar menos,
por las tierras de los sordos,
no de pobre oído ausente,
sino de presta escucha
a los lamentos.
Horas similares,
a gobiernos rígidos,
tiranos de las súplicas.
El aliento del sol
me sentencia,
a morder mis pensamientos,
vomitando frustraciones,
un tanto al medio
de la cordura.
Oigo el latir
de las reservas
de mi primavera;
Orillas flácidas
de agua.
Oigo su rugir
en las telas de araña
de mi billetera;
en luto y sin pena.
el golpeo de las dudas,
avanzan en lanzas,
me acusan,
me azoran.
Las ventajas de andar menos,
por las tierras de los sordos,
no de pobre oído ausente,
sino de presta escucha
a los lamentos.
Horas similares,
a gobiernos rígidos,
tiranos de las súplicas.
El aliento del sol
me sentencia,
a morder mis pensamientos,
vomitando frustraciones,
un tanto al medio
de la cordura.
Oigo el latir
de las reservas
de mi primavera;
Orillas flácidas
de agua.
Oigo su rugir
en las telas de araña
de mi billetera;
en luto y sin pena.