Son un esbelto trono de misterios y lúpulo.
Cabalgan las oscuras intenciones del faquir.
Se ríen si las piernas no las oyen, disfrutan
del calor y la caricia cuando el cuerpo
se distrae. No les gusta el maquillaje
soñador de las sillas, tampoco las filas
innúmeras del tiempo neutro. A veces
corren como si adivinaran el futuro, otras
veces duermen estiradas y no escuchan
su edad. Me embosco para verlas de frente
con sus proas sin mar ni artificio. Ambas
suspiran por la escasez del lino o el algodón
menguado. Igual que yo ansían la libertad.
Cabalgan las oscuras intenciones del faquir.
Se ríen si las piernas no las oyen, disfrutan
del calor y la caricia cuando el cuerpo
se distrae. No les gusta el maquillaje
soñador de las sillas, tampoco las filas
innúmeras del tiempo neutro. A veces
corren como si adivinaran el futuro, otras
veces duermen estiradas y no escuchan
su edad. Me embosco para verlas de frente
con sus proas sin mar ni artificio. Ambas
suspiran por la escasez del lino o el algodón
menguado. Igual que yo ansían la libertad.