jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
.
¿cuántos pares tenía el susodicho?
¿las combinaba con el color de la túnica?
¿contaba acaso con un asesor de imagen
para que lo aconsejara sobre su outfit:
"hoy tocan las sandalias de gladiador
con la túnica de brillitos dorados
y te sueltas la trenza para que te vuele al viento
y se te enrede un poco el pelo al caer sobre la cara
y tengas ese aspecto de macho alfa empotrador
que a las chicas las trastorna por completo"?
y, suponiendo que este fuera el caso
¿cómo hacía para pagarle al asesor
cómo hacía incluso para comprarse las putas sandalias
la túnica, el shampú, el acondicionador etc
si hasta donde se sabe, nuestro hombre
no trabajaba ni había recibido herencia ni se prostituía?
¿le regalaban las sandalias sus admiradores;
se las robaba a los pastores borrachos;
las hacía él mismo con cualquier pedazo de piel que tuviera a mano
cáñamo, retazos de tela, juncos, trozos de madera?
¿por qué la jodida biblia no dice nada al respecto
excepto aquí y allá de manera un tanto tangencial?
¿se las quitaba para cogerse a la magdalena
a la marta y a la sulamita?
y, si alguna se le llegaba a zafar
en el transcurso de las maratónicas jornadas que emprendía para llevar la palabra
y salvar del fuego eterno a la mayor cantidad posible
de pecadores hijos de puta que ya incluso en aquellos remotos tiempos
al igual que ahora tanto proliferaban:
¿llevaba otras para recambio
o simplemente se calzaba las de otro
y seguía su camino sin importarle un culo?
¿y de qué número calzaba?
¿era del 30, del 31, quizás del 32
o más bien lo tenía pequeño y eso lo avergonzaba?
¿se habrán sentido alguna vez defraudadas
la magdalena y la marta y todo aquel montón de furcias
al comprobar lo que había realmente
detrás de aquel cuerpo de modelo y la grandiosa cabellera?
¿con qué frecuencia cambiaba una por otra?
¿las hacía a un lado en todo caso sin mediar razón
cada cierto tiempo, aun cuando no tuvieran
ningún defecto en especial
-por aburrimiento, tal vez, o por simple afán de novedad-
o las coleccionaba por series
y las iba rolando a discreción
según el humor que trajera, digamos
o el tiempo que hiciera o cualquier otro motivo que se te ocurra?
¿se las calzaba así nada más
llegando y adentro y a darle
o se ponía calcetín?
¿se puede escribir un poema como este
sin llegar a un punto en el cual
cualquier cosa que se diga respecto a las mentadas sandalias
no suene tremendamente vacuo e intrascendente?
y es que, viéndolo con objetividad
¿qué importancia pueden tener unas jodidas sandalias
cuando quien las calzaba cambiaría la historia?
-¿alguien se pregunta en plan serio, por ejemplo
qué calzado usaban newton, atila o hitler?-
y para no ir demasiado lejos
las sandalias que yo, josé villa
-poeta supremo de la galaxia en la noble inspiración divina de
la brillante obra sobresaliente y su puta madre en tanga brasileña-
me pongo todos los días cuando me levanto
-en realidad un par de jodidas chancletas de horcapollo
que compro en el todo a cien por una ínfima suma-
¿tienen algo digno de mencionar?
¿vale la puta pena gastar siquiera media hora
en componer una veintena de líneas para hablar de ellas?
digo, son solo un par de jodidas suelas de goma
con una tira encima para sujetar al pie...
del número 31, eso sí, porque calzo grande
.
¿cuántos pares tenía el susodicho?
¿las combinaba con el color de la túnica?
¿contaba acaso con un asesor de imagen
para que lo aconsejara sobre su outfit:
"hoy tocan las sandalias de gladiador
con la túnica de brillitos dorados
y te sueltas la trenza para que te vuele al viento
y se te enrede un poco el pelo al caer sobre la cara
y tengas ese aspecto de macho alfa empotrador
que a las chicas las trastorna por completo"?
y, suponiendo que este fuera el caso
¿cómo hacía para pagarle al asesor
cómo hacía incluso para comprarse las putas sandalias
la túnica, el shampú, el acondicionador etc
si hasta donde se sabe, nuestro hombre
no trabajaba ni había recibido herencia ni se prostituía?
¿le regalaban las sandalias sus admiradores;
se las robaba a los pastores borrachos;
las hacía él mismo con cualquier pedazo de piel que tuviera a mano
cáñamo, retazos de tela, juncos, trozos de madera?
¿por qué la jodida biblia no dice nada al respecto
excepto aquí y allá de manera un tanto tangencial?
¿se las quitaba para cogerse a la magdalena
a la marta y a la sulamita?
y, si alguna se le llegaba a zafar
en el transcurso de las maratónicas jornadas que emprendía para llevar la palabra
y salvar del fuego eterno a la mayor cantidad posible
de pecadores hijos de puta que ya incluso en aquellos remotos tiempos
al igual que ahora tanto proliferaban:
¿llevaba otras para recambio
o simplemente se calzaba las de otro
y seguía su camino sin importarle un culo?
¿y de qué número calzaba?
¿era del 30, del 31, quizás del 32
o más bien lo tenía pequeño y eso lo avergonzaba?
¿se habrán sentido alguna vez defraudadas
la magdalena y la marta y todo aquel montón de furcias
al comprobar lo que había realmente
detrás de aquel cuerpo de modelo y la grandiosa cabellera?
¿con qué frecuencia cambiaba una por otra?
¿las hacía a un lado en todo caso sin mediar razón
cada cierto tiempo, aun cuando no tuvieran
ningún defecto en especial
-por aburrimiento, tal vez, o por simple afán de novedad-
o las coleccionaba por series
y las iba rolando a discreción
según el humor que trajera, digamos
o el tiempo que hiciera o cualquier otro motivo que se te ocurra?
¿se las calzaba así nada más
llegando y adentro y a darle
o se ponía calcetín?
¿se puede escribir un poema como este
sin llegar a un punto en el cual
cualquier cosa que se diga respecto a las mentadas sandalias
no suene tremendamente vacuo e intrascendente?
y es que, viéndolo con objetividad
¿qué importancia pueden tener unas jodidas sandalias
cuando quien las calzaba cambiaría la historia?
-¿alguien se pregunta en plan serio, por ejemplo
qué calzado usaban newton, atila o hitler?-
y para no ir demasiado lejos
las sandalias que yo, josé villa
-poeta supremo de la galaxia en la noble inspiración divina de
la brillante obra sobresaliente y su puta madre en tanga brasileña-
me pongo todos los días cuando me levanto
-en realidad un par de jodidas chancletas de horcapollo
que compro en el todo a cien por una ínfima suma-
¿tienen algo digno de mencionar?
¿vale la puta pena gastar siquiera media hora
en componer una veintena de líneas para hablar de ellas?
digo, son solo un par de jodidas suelas de goma
con una tira encima para sujetar al pie...
del número 31, eso sí, porque calzo grande
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